Greenpeace ha otorgado a España la peor nota entre siete países europeos por su respuesta a la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio. La organización calcula que el 86 % de las medidas adoptadas por estos Estados incentivan el consumo de combustibles fósiles, lo que agrava la dependencia estructural del bloque.

España recibe -380 puntos, por delante de Irlanda y Alemania. Su paquete de 5.000 millones de euros combina recortes fiscales masivos con algunas iniciativas verdes, pero el saldo final sigue siendo negativo porque las ayudas indiscriminadas superan con creces las actuaciones orientadas a la transición.
Esta incoherencia revela una estrategia que prioriza el mantenimiento del consumo actual frente a la reducción de vulnerabilidades futuras. Al no focalizar las ayudas en los hogares y sectores más expuestos, los gobiernos europeos, incluido el español, perpetúan el mismo modelo que genera la próxima crisis.
