Fernando Carrión ha renunciado esta semana a su cargo de vicepresidente del Sevilla por motivos profesionales, un movimiento que obliga a la familia Carrión a designar un nuevo representante ante el consejo de administración. La dimisión, confirmada por fuentes del club, se produce en un momento de estancamiento en las negociaciones de venta del club, tras el rechazo a la oferta liderada por Sergio Ramos y sus inversores.

Los Carrión mantienen cerca del 15 % del capital social y conservan un asiento en el consejo a través de la sociedad Gestores técnicos superiores de asesoramiento, inversión y cobros SL. Aunque antes contaban con tres consejeros, la reducción del órgano directivo los deja con un único representante, cuya identidad aún no se ha revelado.
Libertad de voto y equilibrio de poder
Este cambio adquiere especial relevancia porque la familia Carrión nunca firmó el pacto de gobernabilidad de noviembre de 2019. Esa independencia les permite ejercer sus acciones sin restricciones, un factor que ya fue determinante cuando José María del Nido Benavente les propuso respaldarle para presidir el club. La renuncia de Fernando Carrión, por tanto, no reduce la influencia de la familia, sino que redefine su canal de representación en un contexto de alta incertidumbre accionarial.
El ajuste interno coincide con la necesidad del Sevilla de estabilizar su gobernanza mientras se dilatan las conversaciones sobre una posible venta. La designación del nuevo representante será observada de cerca por el resto de accionistas, ya que marcará el grado de continuidad o renovación en las posiciones de la familia dentro del club.
