El reporte de comercio exterior de mayo muestra que las exportaciones mexicanas crecieron 25.4 por ciento anual hasta alcanzar 69 mil 544 millones de dólares, mientras que el acumulado del año avanza 22.6 por ciento. Estas cifras contrastan con un crecimiento interno moderado y plantean la pregunta central sobre qué parte del dinamismo responde a factores estructurales y qué parte obedece a movimientos temporales de inventarios.
La evidencia de compras adelantadas
Las tasas de crecimiento de las exportaciones manufactureras no automotrices resultan particularmente reveladoras. Tras iniciar el año en 17.7 por ciento, la cifra saltó a 30.1 por ciento en febrero, descendió a 17.8 por ciento en marzo y luego registró incrementos de 26.7, 43.7, 45.8 y 38 por ciento entre abril y mayo. Una aceleración de esta magnitud en tan corto plazo difícilmente puede explicarse solo por un aumento sostenido de la demanda final estadounidense. El patrón coincide con la acumulación de inventarios antes de posibles cambios arancelarios, tal como ya había documentado el Banco de México en su análisis de importaciones estadounidenses durante 2025.
El comportamiento de las importaciones de bienes intermedios, que crecieron 29.8 por ciento en mayo, refuerza esta lectura. Las empresas necesitan abastecerse de insumos para producir y embarcar volúmenes mayores antes de que las reglas comerciales se modifiquen. El superávit comercial se redujo de 4 mil 520 millones de dólares en abril a 2 mil 259 millones en mayo, indicando que las compras externas avanzan casi al mismo ritmo que las ventas.

El desplazamiento de China como fenómeno estructural
Más allá del componente coyuntural, México ha consolidado su posición como principal proveedor de bienes de Estados Unidos, con una participación cercana al 17 por ciento, mientras que China descendió al cuarto lugar con menos del 7 por ciento. Las importaciones estadounidenses provenientes de China cayeron 29 por ciento anual en marzo, y el comercio bilateral entre Estados Unidos y México alcanzó aproximadamente 873 mil millones de dólares en 2025, duplicando el registrado con China.
El arancel efectivo promedio que pagan los productos mexicanos al entrar al mercado estadounidense es de apenas 4.1 por ciento, gracias a que alrededor del 85 por ciento de las exportaciones viaja bajo el amparo del T-MEC. Esta ventaja arancelaria, combinada con el incremento en el cumplimiento de las reglas de origen —que pasó de 48.6 a 75.1 por ciento en un año según datos de Banamex—, sugiere que parte de la sustitución de proveeduría china es permanente y responde a la reconfiguración de cadenas de suministro que el nearshoring anticipaba.
Impactos diferenciados en la industria mexicana
Para los grandes fabricantes de autopartes y electrodomésticos integrados a cadenas regionales, el incremento de pedidos genera mayor utilización de capacidad instalada y justifica inversiones en ampliación. Sin embargo, las empresas medianas que dependen de insumos importados enfrentan presiones de liquidez al tener que financiar inventarios más grandes sin certeza sobre la sostenibilidad de la demanda. El sector de bienes intermedios ha registrado el mayor dinamismo, pero también el mayor riesgo si las compras anticipadas se revierten.
Perspectivas de los distintos actores
Los importadores estadounidenses ven en el adelanto de compras una estrategia racional de gestión de riesgos ante la revisión del T-MEC y las posibles investigaciones bajo la sección 301. Los exportadores mexicanos, por su parte, celebran el incremento de ingresos, aunque advierten que una normalización posterior podría generar capacidad ociosa. El gobierno mexicano observa con atención el cumplimiento de contenido regional, mientras que las autoridades estadounidenses evalúan si el aumento de importaciones desde México refleja genuina integración productiva o simplemente triangulación temporal.
Riesgos y escenarios futuros
El principal riesgo radica en que la revisión del T-MEC endurezca las reglas de origen o introduzca nuevos requisitos de contenido regional. En ese caso, una porción significativa del crecimiento observado en 2026 podría revertirse una vez agotados los inventarios acumulados. Otro escenario de riesgo es que los aranceles sectoriales al acero, aluminio y vehículos se apliquen de manera efectiva, elevando costos para la industria automotriz mexicana y reduciendo su competitividad frente a proveedores asiáticos que ya han perdido terreno.
Si la revisión del tratado resulta benigna y se mantiene la presión arancelaria sobre China, la ganancia de participación de mercado de México podría consolidarse como un cambio estructural. En ese escenario, las exportaciones tenderían a crecer a tasas más moderadas pero sostenibles, alineadas con la expansión real de la demanda estadounidense y la profundización de la integración productiva regional. La clave estará en la capacidad de la industria mexicana para convertir el impulso actual en inversiones de largo plazo que eleven la productividad y reduzcan la dependencia de decisiones de inventario de los compradores externos.
