Las reservas de gas de Europa se encuentran en su nivel más bajo en 13 años cuando se aproximan los meses fríos, una situación que ha generado preocupación entre los comerciantes de energía por el riesgo de una mayor volatilidad de los precios durante el invierno. Según informó este sábado The Guardian, citando a expertos de la industria, los depósitos estaban llenos esta semana al 63 %, frente a una media cercana al 80 % para finales de agosto.
El nivel registrado figura entre los más bajos de los que se tiene constancia para este periodo del año. Greg Molnar, profesor y analista de la industria del gas, señaló que las existencias reducidas están elevando el riesgo de fluctuaciones más pronunciadas de los precios en la temporada de calefacción.
Si el ritmo actual de llenado se mantiene, la Unión Europea podría entrar en el invierno con reservas aproximadamente un 20 % por debajo del promedio de los últimos cinco años, según la estimación citada por el medio británico. El margen disponible para acumular combustible antes del aumento de la demanda será, por tanto, menor que el habitual.

El Reino Unido, entre los países más expuestos
El Reino Unido se encuentra entre los países más afectados por la situación. Es uno de los principales consumidores de gas del continente, pero dispone de una capacidad de almacenamiento relativamente limitada. Habitualmente, el país recibe gas de Europa mediante gasoductos y también importa cargamentos procedentes de Estados Unidos y Oriente Medio.
Chris O’Shea, director ejecutivo de la empresa energética Centrica, afirmó esta semana que el Reino Unido “casi no tiene gas almacenado” para el invierno. La combinación de una demanda elevada y unas reservas reducidas deja al mercado británico especialmente condicionado por la disponibilidad de suministros externos y por la evolución de los precios internacionales.
La escasez de existencias se atribuye parcialmente, según la información publicada, a las consecuencias de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde el inicio del conflicto, los países europeos han tenido dificultades para acercarse al objetivo, ya rebajado, de alcanzar un nivel de almacenamiento del 80 % al comienzo del invierno.
La crisis en Oriente Medio también perturbó las exportaciones de combustibles procedentes de los países del golfo Pérsico después del cierre del estrecho de Ormuz. Esa vía marítima es un punto clave para el transporte internacional de energía, por lo que su interrupción ha añadido presión a los mercados de petróleo y gas.
A la tensión geopolítica se sumaron factores meteorológicos. El frío registrado al final del invierno pasado aumentó el consumo de gas, mientras que la ola de calor de este verano llevó a los europeos a utilizar más electricidad para la refrigeración. Ese incremento de la demanda contribuyó a reducir los recursos disponibles para la próxima temporada de calefacción.
La Unión Europea ha sustituido parte del gas ruso, anteriormente una fuente de suministro de bajo costo para su industria, por alternativas como el gas natural licuado estadounidense, generalmente más caro. El encarecimiento de la energía ha presionado a hogares y empresas, y la información citada relaciona esa evolución con cierres industriales, despidos y un debilitamiento progresivo de la economía europea.
Los gasoductos Nord Stream 1 y 2, que conectaban Rusia con Alemania, dejaron de funcionar en septiembre de 2022 después de un sabotaje que provocó grandes fugas de gas en el mar Báltico. En octubre del año pasado, el presidente ruso Vladímir Putin afirmó que la renuncia europea a la energía rusa había reducido la facturación industrial, elevado los costos derivados del petróleo y el gas transportados por vía marítima y afectado a la competitividad de los productos europeos.
