El euro abrió el 26 de junio cotizado a 27,43 pesos cubanos, un alza del 0,8% respecto al cierre anterior de 27,22 pesos. En la última semana registró una baja del 0,3% y en el año acumula una caída del 2,24%. Estos datos, provenientes de mercados referenciales, coinciden con la proyección oficial de un crecimiento económico del 1% para 2026, idéntica a la meta incumplida del año previo. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, describió el escenario como una “economía de guerra” marcada por amenazas externas y desequilibrios internos persistentes.
El déficit fiscal previsto alcanza 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial empresarial. El Gobierno anticipa una inflación del 10% en el mercado formal, cinco puntos menos que el 14,07% interanual de 2025. Sin embargo, la economía cubana ya acumula una contracción del 11% entre 2020 y 2024, con un retroceso adicional del 1,1% solo en 2024.
Dependencia del turismo y servicios médicos como sostén frágil
La expectativa de crecimiento del 1% se apoya principalmente en la recuperación del turismo y la exportación de servicios médicos. Estos sectores generan divisas directas, pero su rendimiento sigue expuesto a factores externos como las restricciones de viaje desde Estados Unidos y la competencia regional. Cuando el turismo no alcanza las metas, la escasez de divisas se traduce inmediatamente en mayor presión sobre el tipo de cambio paralelo y en desabastecimiento de productos básicos.

La volatilidad del euro, situada en 6,93% frente a un referente de 6,37%, refleja inestabilidad estructural más que fluctuaciones coyunturales. Esta diferencia indica que cualquier apreciación temporal del euro frente al peso cubano puede revertirse con rapidez si los ingresos por turismo o exportaciones médicas se retrasan.
Dolarización y mercado negro: efectos sobre la población
La creciente dolarización mencionada por las autoridades afecta de forma desigual. Los sectores vinculados al turismo o que reciben remesas acceden a divisas con mayor facilidad, mientras que el resto de la población enfrenta precios en moneda dura para bienes esenciales. Esta segmentación erosiona el poder adquisitivo del peso cubano y amplía la brecha entre quienes operan en el circuito formal y quienes dependen del mercado informal.
Entre 2002 y 2021, el peso cubano experimentó varias devaluaciones oficiales que culminaron con la unificación monetaria de 2021. Esa medida, presentada como corrección de distorsiones, derivó en un tipo de cambio paralelo que llegó a multiplicar por cuatro el valor oficial del dólar. La persistencia de este diferencial muestra que las reformas cambiarias no han logrado estabilizar la demanda de divisas.
Perspectivas de inversores extranjeros versus realidad fiscal
El Gobierno ha prometido mayor dinamismo y transparencia para atraer inversión extranjera. No obstante, el déficit fiscal de 74.500 millones de pesos y la necesidad de financiar importaciones básicas limitan la capacidad de ofrecer garantías creíbles. Los inversores evalúan no solo los incentivos fiscales, sino también la disponibilidad real de divisas para repatriar utilidades y la estabilidad regulatoria a mediano plazo.
Desde la perspectiva de organismos regionales como la CEPAL, las proyecciones anteriores ya advertían sobre el agotamiento del efecto rebote tras la pandemia. La meta del 1% para 2026 coincide con estimaciones conservadoras que asumen mejoras moderadas en el turismo, pero no contemplan choques adicionales como incrementos en precios de combustibles o nuevas tensiones geopolíticas.
Riesgos estructurales y escenarios futuros
La combinación de inflación elevada, escasez de productos básicos, apagones recurrentes y fuerte migración configura un círculo que dificulta la recuperación sostenida. Si el crecimiento del 1% se materializa sin reformas que amplíen la base productiva interna, el país seguirá dependiendo de ingresos volátiles en divisas. Un escenario alternativo de contracción adicional podría materializarse si las tensiones externas se intensifican o si los servicios médicos pierden mercados tradicionales.
La reducción proyectada de la inflación al 10% requiere contención del gasto fiscal y mayor oferta de bienes. Sin embargo, el déficit de 74.500 millones de pesos indica que el financiamiento monetario podría continuar, presionando nuevamente los precios. En ese contexto, la apreciación ocasional del euro frente al peso ofrece alivio temporal pero no resuelve los desequilibrios de fondo.
Para los hogares cubanos, la evolución del tipo de cambio euro-peso determina directamente el costo de importaciones y remesas. Para el Estado, representa una variable crítica en la planificación de ingresos por exportaciones de servicios. Ambos actores comparten la exposición a una volatilidad que, según los datos actuales, supera los promedios históricos y anticipa mayor inestabilidad en los próximos trimestres.
