La llamada “rana Papagayo”, que científicos de la UNAM presentaron en 2004 como un ejemplar sin nombre científico formal, ya no debe considerarse una posible especie nueva. Un estudio internacional publicado el 5 de mayo de 2025 concluyó que esa población de Guerrero corresponde a Rana omiltemana, una especie previamente descrita de la Sierra Madre del Sur. La revisión cerró una duda taxonómica que acompañaba a estos anfibios desde antes del hallazgo difundido por la Universidad.
El nuevo análisis fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y contó con participación de investigadores de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Biología de la UNAM. El trabajo examinó los límites entre especies de ranas leopardo de México y Centroamérica, con evidencia genética, morfológica y de distribución. Frente a clasificaciones anteriores, los autores determinaron que la forma Papagayo es referible a Rana omiltemana, por lo que no permanece a la espera de una descripción formal.

Los registros previos
La incertidumbre no surgió en 2004. Antes de ese año, algunos registros científicos ya empleaban la denominación “Rana sp. form Papagayo” para ejemplares de Guerrero cuya posición taxonómica no estaba completamente resuelta. El nombre aludía a la cuenca del río Papagayo, en una región situada al oeste de Acapulco, pero funcionaba como una etiqueta provisional y no como una denominación científica válida para una especie independiente.
La distinción es relevante porque encontrar organismos con rasgos particulares no equivale, por sí mismo, a describir una especie nueva. Para establecer esa condición se requiere contrastar especímenes y evaluar características anatómicas, genética, distribución geográfica y el grado de aislamiento entre poblaciones. En este caso, la evidencia disponible en 2025 llevó a integrar la forma Papagayo dentro de una especie conocida.
El reporte de 2004
El boletín original de la UNAM fue publicado el 6 de septiembre de 2004, y el tema también apareció en el número 72 de la revista ¿Cómo ves?, correspondiente a noviembre de ese año. Investigadores del Instituto de Ecología y de la Facultad de Ciencias reportaron entonces una rana, un arbusto urticante conocido popularmente como “mala mujer” y dos tipos de árboles que parecían no haber sido descritos formalmente.
El grupo trabajaba en la zona de Guerrero vinculada con la cuenca del río Papagayo y señaló además más de 20 variedades de plantas y animales cuya presencia no había sido documentada antes en esa parte de la costa del Pacífico. El diagnóstico presentado entonces contabilizó 508 especies de vertebrados terrestres, de las cuales 95 fueron señaladas como endémicas y 113 estaban bajo alguna consideración de peligro de extinción. Esas cifras pertenecen al estudio de 2004 y no describen automáticamente la situación actual de las poblaciones.
Las plantas siguen sin una resolución documentada
El caso de las tres plantas reportadas junto con la rana permanece abierto en las fuentes disponibles. El informe mencionó a la “mala mujer” y a dos árboles que continuaban bajo análisis, pero no aportó nombres científicos propuestos, números de colección ni identificadores que permitan vincular esos ejemplares con publicaciones taxonómicas posteriores. Por ello, no puede afirmarse que hayan sido confirmados después como especies nuevas.
La investigación de Guerrero se desarrolló además en un contexto de preocupación ambiental por el proyecto hidroeléctrico La Parota. Los científicos planteaban la necesidad de proteger una extensión de selva por su riqueza biológica. Dos décadas después, la revisión de la rana Papagayo aporta una respuesta concreta sobre aquel ejemplar: no era una especie sin nombre, sino una población de Rana omiltemana.
