El Sevilla FC afronta las últimas horas de la primera ventana de fichajes de la temporada 2026/27 con una prioridad definida, aunque condicionada por una variable decisiva: el espacio que conserve dentro de su límite salarial. El club trabaja para completar las llegadas de Lucas Stassin y Félix Correia, pero no descarta incorporar además a un tercer futbolista antes del cierre de este martes. La búsqueda se concentra en dos necesidades que la dirección deportiva considera conectadas: reforzar el eje de la defensa o sumar un centrocampista capaz de aportar equilibrio, recuperación y alternativas tácticas.
La operación más ambiciosa es la de José María Giménez. El central uruguayo del Atlético de Madrid ha perdido protagonismo en el conjunto rojiblanco tras la llegada de Cuti Romero y, según la información difundida por Rubén Uría, no contemplaría negativamente una salida hacia Nervión. Su situación deportiva abre una posibilidad que, en otro contexto, resultaría difícil de plantear para el Sevilla. Sin embargo, el interés no equivale todavía a una negociación sencilla: el coste de la ficha del defensa exige una fórmula muy ajustada para que la operación pueda encajar.

Una cesión dependiente de la letra pequeña
La vía que estudia el Sevilla pasa por una cesión en la que el Atlético asuma una parte relevante del salario de Giménez. La clave no está solo en lograr el consentimiento de las partes, sino en reducir hasta un nivel asumible la porción salarial que recaería sobre la entidad sevillista. Con dos incorporaciones encaminadas y un margen económico estrecho, cada compromiso adquirido condiciona el siguiente. La planificación de última hora no se limita, por tanto, a detectar un jugador disponible: obliga a construir una estructura contractual compatible con las normas de control financiero.
Ese factor explica que el nombre de Giménez se maneje con prudencia. A sus condiciones competitivas se suma una experiencia de alto nivel que podría elevar inmediatamente el techo de una zaga necesitada de fiabilidad. Su lectura del juego, su capacidad para defender el área y su recorrido en partidos de exigencia encajarían en un equipo que busca reducir errores en momentos decisivos. Pero la misma trayectoria que le convierte en una oportunidad atractiva hace compleja su llegada. El Sevilla necesita que el Atlético flexibilice sus condiciones y que la operación no comprometa la inscripción o el margen de maniobra del club.
Bogarde ofrece una solución de mayor elasticidad
Mientras se explora esa opción, Melayro Bogarde reaparece como una alternativa con un perfil distinto. El futbolista neerlandés, internacional con Surinam, juega en el LASK austríaco y puede actuar como pivote, central e incluso lateral derecho. Esa polivalencia tiene especial valor en un mercado de cierre, cuando las plantillas ya están configuradas y una incorporación debe resolver más de una necesidad. Para el Sevilla, Bogarde no sería únicamente una pieza para el centro del campo: también permitiría cubrir contingencias defensivas sin elevar el número de especialistas por demarcación.
El seguimiento sobre Bogarde no es nuevo. El Sevilla lleva varias semanas atento a su situación y ABC de Sevilla ha informado de que la entidad trabaja en una posible salida de Manu Bueno para facilitar la llegada del jugador del LASK. A sus 24 años, Bogarde es una de las referencias del campeón de la Bundesliga de Austria, un dato que explica tanto su valoración en el mercado como el interés de otros clubes. La Fiorentina también ha seguido sus pasos, mientras que el LASK habría preferido un traspaso por encima de los cinco millones de euros.
La salida de Manu Bueno, una pieza que puede desbloquear el cierre
El posible movimiento de Manu Bueno adquiere relevancia porque el Sevilla necesita ajustar tanto fichas como funciones dentro del vestuario. Las salidas de jugadores con menos protagonismo pueden generar el espacio administrativo y financiero necesario para culminar una llegada. En este tipo de operaciones, el último día no depende exclusivamente del acuerdo por el fichaje: también intervienen los tiempos de inscripción, las condiciones de pago, la voluntad de los clubes de origen y la capacidad del comprador para liberar masa salarial de forma efectiva.
La comparación entre Giménez y Bogarde retrata dos respuestas diferentes a una misma necesidad. Giménez representaría una apuesta inmediata por jerarquía, experiencia y rendimiento contrastado en la élite española. Bogarde, en cambio, encajaría mejor en una planificación de recorrido más largo, con menor peso salarial potencial y una utilidad táctica más amplia. La elección final dependerá de qué problema considere más urgente el cuerpo técnico y de qué operación resulte viable cuando se hagan las cuentas definitivas.
Deivid Washington queda fuera de la ecuación
En este escenario, Deivid Washington ha quedado descartado por la complejidad de una negociación que no ofrecía garantías de resolución rápida. La decisión revela que el Sevilla no pretende acumular conversaciones sin posibilidad real de cierre. En las últimas horas del mercado, la prioridad pasa por concentrar recursos en expedientes que combinen necesidad deportiva, coste manejable y viabilidad documental. Esa selección es especialmente importante para una entidad que no puede permitirse errores contractuales ni incorporaciones que bloqueen decisiones posteriores.
El desenlace seguirá abierto hasta el final. El Sevilla mantiene la puerta entreabierta a un tercer refuerzo, pero su decisión estará subordinada al límite salarial y a la posibilidad de cerrar condiciones favorables. La llegada de Stassin y Correia daría profundidad a la plantilla; un fichaje adicional definiría, además, el grado de ambición con el que el club pretende corregir sus carencias iniciales. Giménez es la oportunidad de mayor impacto inmediato, Bogarde la alternativa más versátil, y el resultado dependerá de si Nervión encuentra una fórmula que convierta el interés en una operación sostenible.
