El Plumerillo apunta a multiplicar su capacidad operativa con una renovación de US$26 millones

Mendoza pondrá en marcha una renovación integral de su principal puerta aérea con una inversión prevista de 26 millones de dólares. El proyecto para ampliar y modernizar el Aeropuerto Internacional El Plumerillo entrará formalmente en etapa licitatoria el 15 de septiembre y busca elevar de manera sustancial la capacidad operativa de la terminal, que podrá atender hasta siete vuelos en forma simultánea.

El anuncio fue realizado por el gobernador Alfredo Cornejo durante la inauguración de la ampliación del aeropuerto de San Rafael. La obra estará a cargo de Aeropuertos Argentina 2000 y representa una intervención relevante no sólo por su monto, sino por el alcance de los cambios previstos sobre la experiencia de pasajeros, los controles estatales y la logística de las compañías aéreas.

Una terminal preparada para más movimiento

La transformación incluirá 2.500 metros cuadrados de áreas remodeladas y 1.400 metros cuadrados de construcción nueva. Con ello, la superficie total del edificio pasará de 13.000 a 14.400 metros cuadrados. El incremento físico puede parecer moderado en relación con la superficie existente, pero la clave del plan no está únicamente en agregar metros: reside en redistribuir espacios críticos para evitar que las operaciones coincidan en sectores ya exigidos.

La posibilidad de gestionar siete operaciones aéreas al mismo tiempo modifica la escala funcional de El Plumerillo. En un aeropuerto, la capacidad no depende exclusivamente de la pista o de la plataforma: también está condicionada por las puertas de embarque, las salas de espera, los filtros de seguridad, la migración, el retiro de equipaje y los circuitos de llegada. Cuando uno de esos puntos se congestiona, el sistema completo pierde fluidez, incluso si hay aeronaves disponibles para operar.

Por eso, la ampliación de la sala de embarque de cabotaje, que crecerá un 30%, es uno de los componentes centrales. El área concentrará una mayor cantidad de pasajeros sin trasladar la presión hacia corredores, accesos o puertas. En términos operativos, una sala más amplia permite ordenar mejor las salidas cercanas en horario, reducir acumulaciones y dar margen a las aerolíneas frente a cambios de puerta o demoras.

La obra alcanza los puntos donde se forman las demoras

El plan incorpora nuevas áreas comerciales y gastronómicas en ambas plantas de la terminal, además de un nuevo núcleo sanitario y una readecuación de las puertas de embarque. Estos elementos tienen una dimensión comercial y de confort, pero también responden a una lógica aeroportuaria concreta: los pasajeros permanecen más tiempo dentro de la terminal cuando hay escalas, controles reforzados o reprogramaciones, y esa permanencia requiere servicios distribuidos sin interferir con los flujos de circulación.

En la planta baja se construirán núcleos para partidas remotas nacionales e internacionales y un espacio específico para arribos internacionales. La diferenciación de estos circuitos es especialmente significativa. Los vuelos internacionales demandan controles migratorios, sanitarios y aduaneros que no pueden operar con la misma lógica que un arribo doméstico. Separar recorridos permite disminuir cruces de pasajeros, mejorar la trazabilidad de los controles y reducir el impacto de un vuelo demorado sobre el resto de la terminal.

La remodelación también contempla dos nuevas salas VIP: una nacional, con visuales hacia el paisaje de montaña, y otra internacional. Aunque estos espacios atienden a segmentos específicos del mercado, su incorporación acompaña una estrategia de mejora de servicios para viajeros corporativos, turistas de mayor gasto y pasajeros frecuentes. La decisión cobra sentido en una provincia cuyo atractivo combina actividades productivas, congresos, vino, montaña y turismo receptivo internacional.

Más capacidad exige controles más robustos

El aumento de operaciones previsto obliga a reforzar las áreas que garantizan seguridad y cumplimiento regulatorio. Por eso se ampliarán las instalaciones de Migraciones tanto en partidas como en llegadas, se sumarán espacios para sanidad y una sala de requisas, y habrá un nuevo control de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en las partidas nacionales. No se trata de anexos secundarios: la eficiencia de un aeropuerto internacional depende de que el crecimiento de pasajeros no diluya los estándares de control.

La iniciativa incluye además un edificio anexo para las oficinas administrativas de Aeropuertos Argentina 2000 y de su Unidad de Negocios Oeste, con salas de reuniones y conferencias. Allí también funcionarán dependencias del Registro Nacional de Armas y de la Administración Nacional de Aviación Civil. Concentrar organismos y funciones administrativas fuera de los espacios principales de pasajeros puede liberar áreas de la terminal y, al mismo tiempo, facilitar la coordinación entre operadores, reguladores y fuerzas de control.

Una señal para la conectividad mendocina

La apertura de la licitación no equivale todavía al inicio de los trabajos, pero marca el comienzo formal de una obra que puede reordenar la posición de Mendoza en la red aérea argentina. La provincia tiene un peso turístico y económico que excede su mercado local: recibe visitantes vinculados con la vitivinicultura, la cordillera y los deportes de nieve, además de sostener intercambios comerciales con otras regiones del país y con mercados internacionales.

En ese contexto, una terminal con mayor capacidad no garantiza por sí sola nuevas rutas ni tarifas más bajas, decisiones que dependen de las aerolíneas, la demanda y el contexto macroeconómico. Sin embargo, elimina una restricción relevante. Una infraestructura capaz de procesar varios vuelos en simultáneo ofrece mejores condiciones para concentrar frecuencias en franjas de alta demanda, absorber crecimientos estacionales y atender operaciones internacionales sin desplazar vuelos de cabotaje.

La expansión de El Plumerillo se enlaza así con la reciente ampliación del aeropuerto de San Rafael y proyecta una política provincial basada en dos escalas complementarias: fortalecer el nodo principal para conexiones de mayor volumen y mejorar la infraestructura regional para ampliar el alcance territorial de la conectividad. El desafío siguiente será convertir esa capacidad física en tráfico sostenido, con una coordinación efectiva entre el Estado, el concesionario y las compañías aéreas.

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