El dólar estadounidense inició la jornada del 21 de agosto en un promedio de 16,90 pesos mexicanos, una disminución de 0,33 % frente al cierre previo de 16,96 pesos. La moneda estadounidense acumula una caída semanal de 0,73 % y retrocede 8,18 % en términos interanuales, con lo que mantiene una racha de descenso frente al peso.
La volatilidad cambiaria se ubica en 4,83 %, por debajo del nivel de referencia de 7,41 %. La diferencia apunta a un mercado relativamente estable y reduce, por ahora, las señales de movimientos bruscos. Sin embargo, la fortaleza del peso no elimina los riesgos externos: su cotización seguirá expuesta a las decisiones de Estados Unidos, a los flujos de capital y a la evolución de la economía mexicana.

La estabilidad actual contrasta con las previsiones
Para 2026, especialistas e instituciones anticipan un tipo de cambio de entre 19,30 y 20,50 pesos por dólar. Hacienda estima 19,70; Banorte, 19,30; los analistas consultados por el Banco de México proyectan entre 20,00 y 20,50, mientras Citi México calcula un rango de 19,50 a 20,20 pesos.
Estas previsiones sugieren que la fortaleza observada actualmente podría ser temporal. El crecimiento económico, la renegociación del T-MEC y las políticas arancelarias de Estados Unidos serán determinantes. También influirá una eventual reducción de tasas de la Reserva Federal, que podría debilitar al dólar globalmente, aunque sus efectos dependerán de la respuesta del Banco de México y de la percepción de riesgo sobre México.
El nearshoring y los ingresos asociados al Mundial de Fútbol de 2026 podrían sostener la entrada de divisas y respaldar al peso. Aun así, el crecimiento previsto del PIB, de entre 1,15 % y 1,4 %, refleja una expansión moderada. El escenario combina, por tanto, una moneda fuerte en el corto plazo con expectativas de depreciación gradual hacia el cierre del año.
