Más bilateral, menos previsible
Dieciséis meses después del “Día de la Liberación”, la ofensiva arancelaria lanzada por Donald Trump en abril de 2025 no frenó el comercio mundial: lo reordenó. Según datos de la OMC citados por la Fundación INAI, el intercambio global de bienes llegó en 2025 a US$26,3 billones, con un alza de 6,7% interanual, muy por encima del 2,2% de 2024.
La foto central es el desacople entre Estados Unidos y China. Las exportaciones de EE.UU. hacia ese mercado cayeron 26% y las ventas chinas a territorio estadounidense, 29%. Pero el comercio no se cerró: Washington subió 4,4% sus importaciones y Beijing aumentó 5,5% sus exportaciones al mundo, con un superávit 20% mayor. El dato sugiere que los aranceles funcionaron más como herramienta geopolítica que como corrección de desequilibrios.

En ese nuevo tablero, Argentina ganó espacio: sus exportaciones crecieron 9,3% en 2025 y las ventas a China se dispararon casi 54%. La hipótesis de fondo es clara: la ruptura parcial entre Washington y Beijing abrió desvíos de comercio que países proveedores de alimentos y materias primas, como la Argentina, supieron captar antes que otros.
