El BCE se encamina a otra subida de tasas, pero teme convertir la resiliencia en recesión

El Banco Central Europeo (BCE) podría elevar sus tasas de interés en 25 puntos básicos en la reunión de la próxima semana, según la previsión de ING. Sería el segundo incremento del año y llevaría la tasa de depósito al 2,5%, un nivel que todavía se encuentra dentro del rango que la propia institución considera neutral.

La decisión refleja una tensión cada vez más difícil de resolver: la inflación general continúa aumentando, impulsada principalmente por la energía, mientras la economía de la eurozona ha demostrado una resistencia mayor de la esperada. Para el BCE, el problema ya no consiste únicamente en determinar si los precios siguen subiendo, sino en calibrar cuánto endurecimiento adicional puede absorber la economía sin transformar un shock de oferta en una crisis de demanda.

Una subida que el mercado ya empieza a dar por descontada

Carsten Brzeski, director global de investigación macroeconómica de ING, considera que los argumentos a favor de un nuevo aumento se han fortalecido desde julio. Algunos miembros del Consejo de Gobierno ya defendían entonces una medida de este tipo, y desde ese momento la inflación general ha seguido escalando. Las estimaciones apuntan a que permanecerá por encima del 3% interanual durante el resto del año.

El deterioro no se ha extendido, por ahora, a todos los componentes de los precios. La inflación subyacente y la de servicios no ofrecen señales que justifiquen una respuesta de emergencia, según Brzeski. Sin embargo, el repunte del petróleo y el riesgo de nuevas perturbaciones en el suministro de gas elevan la probabilidad de que la energía vuelva a contaminar las expectativas de empresas y hogares.

Los mercados ya han comenzado a descontar al menos un incremento adicional antes de que termine el año. Dentro del BCE también se perciben posiciones divergentes. Funcionarios como Isabel Schnabel y Gabriel Makhlouf, gobernador del banco central irlandés, han mostrado disposición a mantener una postura más dura si la evolución de los precios lo exige.

La economía resiste, pero no necesariamente está sobrecalentada

La fortaleza relativa de la eurozona complica la lectura de los datos. Brzeski describió la respuesta de la economía ante la guerra en Medio Oriente como “casi inesperadamente resiliente”. Parte de esa resistencia se explicaría por el desplazamiento de pedidos hacia competidores europeos después de que el cierre del Estrecho de Ormuz afectara a rivales asiáticos. A ello se suman estímulos fiscales que ya estaban planificados y que han contribuido a sostener la actividad.

Pero una economía que evita una contracción no es necesariamente una economía que necesita tasas restrictivas. Esta distinción será central para la discusión del BCE. Una política monetaria claramente contractiva se justificaría si la demanda estuviera presionando la capacidad productiva y alimentando una espiral persistente de precios. El escenario actual parece distinto: la energía encarece la producción y el consumo desde el exterior, sin que la inflación subyacente y los servicios estén mostrando una aceleración equivalente.

Por eso, la subida de la próxima semana podría interpretarse como una respuesta preventiva y limitada, no como el inicio confirmado de una campaña prolongada. Llevar la tasa de depósito al 2,5% mantendría al BCE en una zona que considera neutral. Superar ese umbral implicaría reconocer que la institución ya no busca solamente retirar estímulos, sino enfriar deliberadamente la actividad económica.

El petróleo, los bonos y el margen de error

Las nuevas proyecciones del personal del BCE no deberían introducir cambios importantes, aunque ING anticipa revisiones ligeramente al alza en las previsiones de crecimiento e inflación. Las modificaciones responderían, en buena medida, a revisiones previas del crecimiento del primer trimestre y al encarecimiento del petróleo.

El mercado de deuda añade otra variable. El repunte reciente de los rendimientos de los bonos ya está endureciendo las condiciones financieras, lo que significa que parte del trabajo del BCE se realiza incluso antes de que el Consejo anuncie una nueva medida. Empresas, hogares y gobiernos enfrentan un mayor costo de financiación; por tanto, una subida oficial podría tener un efecto acumulativo mayor que el sugerido por sus 25 puntos básicos.

Brzeski advierte que el riesgo no es únicamente un endurecimiento excesivo, sino también desigual. Si los rendimientos aumentan mucho más en algunos países que en otros, la política monetaria dejaría de transmitirse de manera uniforme. Esa fragmentación podría reabrir dudas sobre la sostenibilidad de la deuda soberana y obligar al BCE a gestionar simultáneamente la inflación y la estabilidad financiera.

La decisión inmediata abre un debate más amplio

El dilema se volverá más sensible debido a las finanzas públicas y a las elecciones presidenciales francesas del próximo año, que podrían intensificar la atención sobre la deuda y la disciplina presupuestaria. En ese contexto, elevar las tasas más allá de septiembre no sería una decisión puramente técnica: afectaría el costo de refinanciación de los Estados y podría aumentar las diferencias políticas entre los miembros de la eurozona.

También comienzan las especulaciones sobre quién sucederá a Christine Lagarde al frente del BCE. Aunque ese relevo todavía no determina la decisión inmediata, introduce una dimensión institucional en el debate sobre la orientación futura de la política monetaria. Las señales de firmeza contra la inflación deberán convivir con la necesidad de preservar la cohesión del bloque.

La cuestión decisiva, por tanto, no es si el BCE puede subir las tasas una vez más, sino si está dispuesto a pagar el costo de ir más lejos. Mientras la inflación energética siga pareciendo un shock de oferta y la economía conserve capacidad de resistencia, una escalada monetaria podría combatir parcialmente los precios a costa de debilitar la actividad. El banco central deberá demostrar que distingue entre una economía resistente y una economía sobrecalentada; confundir ambas podría llevarlo a arriesgar una recesión para resolver un problema que las tasas no pueden corregir por completo.

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