Este martes, Cuba afrontará su punto más crítico de la jornada eléctrica: durante el horario pico, el 66 % del territorio nacional quedará sin suministro, según cifras de la Unión Eléctrica recogidas por EFE. La previsión oficial sitúa la capacidad de generación en 1.160 megavatios, frente a una demanda máxima estimada de 3.300 megavatios, con un déficit de 2.140 megavatios y una afectación real calculada en 2.170 megavatios en todo el país.
La magnitud del corte llega después de meses de deterioro acumulado. Desde mediados de 2024, la isla atraviesa una crisis energética aguda, agravada en enero por nuevas sanciones petroleras de Estados Unidos. El gobierno cubano ha calificado esas restricciones como una medida “genocida” y responsabiliza a Washington por endurecer la escasez de combustibles que sostienen la generación eléctrica.

La red eléctrica depende en gran medida de termoeléctricas envejecidas, muchas con décadas de uso y sin modernización suficiente. Esas plantas aportan cerca del 40 % de la generación nacional, pero casi la mitad de sus unidades está fuera de servicio por averías o mantenimiento. A eso se suman motores diésel y fueloil que representan otro 40 % de la matriz y que dependen de importaciones hoy interrumpidas por las sanciones.
El 20 % restante proviene de gas y fuentes renovables, con un avance reciente de la energía solar impulsado mediante cooperación con China. Sin embargo, la falta de inversión, la obsolescencia de las instalaciones y las dificultades para acceder a piezas de repuesto han dejado al sistema con una capacidad insuficiente para cubrir la demanda interna, lo que obliga a racionar la electricidad durante largos periodos.
Los datos oficiales muestran además una dependencia externa difícil de sostener: Cuba necesita algo más de 100.000 barriles de petróleo diarios y solo produce alrededor de 40.000. Expertos independientes calculan que modernizar por completo el sistema eléctrico nacional requeriría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares, una cifra fuera del alcance inmediato de la economía cubana.
En ese contexto, los apagones han generado protestas y malestar en distintas regiones de la isla, mientras las autoridades buscan fórmulas para limitar el impacto social y evitar cortes desordenados. Por ahora, no hay señales de una mejora significativa en 2026, y el deterioro del sistema eléctrico sigue entre los principales desafíos internos del Gobierno cubano.
