La primera revisión formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzará el 20 de julio en México, tras la reunión virtual que celebraron los tres países con motivo del sexto aniversario de su entrada en vigor. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, precisó que el acuerdo comercial mantendrá su vigencia original hasta 2036 y que las revisiones anuales no alterarán su estructura ni implicarán una renegociación integral.
Durante la mañanera encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, Ebrard explicó que México y Canadá habían propuesto extender la duración del tratado hasta 2042 con revisiones cada seis años. Estados Unidos rechazó esa opción y optó por conservar el texto vigente mientras establece un mecanismo de evaluación anual centrado en el déficit comercial que mantiene con sus dos socios norteamericanos. Esta postura refleja la prioridad de la administración estadounidense de examinar de manera más frecuente sus relaciones comerciales con todos sus socios, sin que ello signifique la cancelación del acuerdo.
El funcionario subrayó que las revisiones anuales no constituyen un mecanismo nuevo. En los dos últimos años México ya ha atendido decenas de observaciones presentadas por Estados Unidos, muchas de las cuales han sido resueltas. Por tanto, el nuevo calendario busca institucionalizar un seguimiento más cercano de temas específicos, principalmente aquellos vinculados al desequilibrio comercial y a la competitividad regional.

El encuentro del 20 de julio servirá para definir la agenda de los temas que serán evaluados cada año y los mecanismos de respuesta. Entre las prioridades mexicanas figura la reducción de los aranceles impuestos bajo la Sección 232, que afectan exportaciones de acero, aluminio y otros productos. El gobierno federal también buscará preservar la condición actual por la cual más del 80 % de las exportaciones mexicanas ingresan al mercado estadounidense sin pagar aranceles.
Contexto de la política comercial estadounidense
La decisión de Estados Unidos de rechazar la extensión hasta 2042 y preferir revisiones anuales se inscribe en una estrategia más amplia de revisión de sus acuerdos comerciales. Washington ha manifestado preocupación por el déficit bilateral con México y Canadá, que considera insostenible a largo plazo. Al mantener el tratado intacto hasta 2036 pero someterlo a escrutinio frecuente, la Casa Blanca obtiene flexibilidad para ajustar posiciones sin necesidad de abrir una negociación completa que podría resultar políticamente costosa.
Desde la perspectiva mexicana, la continuidad del T-MEC hasta 2036 representa una base de certidumbre para la inversión y el comercio. Más de cuatro mil empresas mexicanas dependen del acceso preferencial al mercado estadounidense. Cualquier señal de inestabilidad podría afectar decisiones de expansión productiva, especialmente en sectores como el automotriz, el electrónico y el farmacéutico, donde las cadenas de suministro norteamericanas se han consolidado en la última década.
Objetivos compartidos y tensiones persistentes
Las tres naciones coincidieron en la necesidad de fortalecer la producción regional en sectores estratégicos como medicamentos, insumos farmacéuticos y semiconductores. El objetivo compartido es reducir la dependencia de importaciones provenientes de Asia y, al mismo tiempo, disminuir el déficit comercial estadounidense. Esta convergencia de intereses ofrece un margen de maniobra para que las revisiones anuales se centren en soluciones constructivas más que en disputas punitivas.
Sin embargo, persisten tensiones. La aplicación de aranceles bajo la Sección 232 y las medidas de salvaguardia siguen afectando a exportadores mexicanos. Además, la revisión de reglas de origen en el sector automotriz y las disposiciones laborales incluidas en el tratado continúan siendo objeto de monitoreo por parte de Washington. El mecanismo de revisiones anuales podría convertirse en un espacio donde estas fricciones se canalicen de forma ordenada, siempre que exista voluntad política de ambas partes para resolverlas sin escalar a medidas unilaterales.
La posición privilegiada de México dentro del T-MEC sigue siendo un activo significativo. Ningún otro socio comercial de Estados Unidos disfruta de un acceso tan amplio y libre de aranceles. Preservar esa ventaja durante las próximas revisiones será el principal reto de la diplomacia económica mexicana en los próximos meses. El encuentro del 20 de julio marcará el inicio de un proceso que, aunque más frecuente, no altera la vigencia del tratado ni su papel como pilar de la integración económica norteamericana.
