Dudas por 2027 y mora alta

La política volvió a imponerse sobre la economía y desplazó a otros focos de atención en los mercados. En medio de la calma relativa del dólar cerca de los $1.500 y con tasas cortas en torno al 20% anual, inversores y consultoras coinciden en que el principal factor de incertidumbre ya no pasa solo por la inflación o por el financiamiento externo, sino por el calendario electoral de 2027, la fragilidad de la actividad y el deterioro del crédito al consumo.

Ese diagnóstico aparece en un contexto en el que el Gobierno intentó sostener el tipo de cambio sin saltos bruscos, a costa de una política monetaria contractiva y de mayores costos financieros para familias y empresas. La mora en hogares alcanzó niveles récord y ya deja fuera del mercado a millones de personas que no pueden refinanciar gastos corrientes o de corto plazo. El resultado es un freno adicional sobre el consumo, justo cuando la economía muestra señales de estancamiento en varios sectores intensivos en mano de obra.

El crédito, bajo presión

FMyA, la consultora de Fernando Marull, señaló que la segunda semana de agosto “viene mal” y atribuyó parte del deterioro al menor respaldo al oficialismo en las encuestas de julio. Según su lectura, eso se reflejó en un riesgo país más alto, en la debilidad de bonos y acciones, y en una agenda económica que el Gobierno perdió de vista. La firma destacó que la inflación de julio fue de 2,1% y proyectó una desaceleración leve en agosto, aunque advirtió que la actividad sigue sin mostrar una recuperación clara.

EconViews, dirigida por Miguel Kiguel, puso el foco en el estancamiento del crédito como una de las razones del bajo nivel de actividad. En su análisis, la mora creciente se convirtió en un problema macroeconómico porque reduce el consumo y profundiza el círculo de debilidad. La consultora remarcó que los bancos conservan capital y previsiones suficientes para absorber pérdidas, por lo que no ve una crisis de solvencia financiera, sino un deterioro del balance de los hogares. Esa diferencia es clave: la restricción hoy no es bancaria, sino social y de ingresos.

El debate se cruzó además con la decisión oficial de habilitar a los bancos a prestar dólares a empresas que no generan divisas, una modificación anunciada por el Ministerio de Economía y observada con cautela por el mercado. Reschini y 1816 coincidieron en que la medida puede ampliar el crédito y ayudar a sectores con necesidades de financiamiento, pero advirtieron que también rompe una restricción instalada tras la crisis de 2001 para evitar descalces cambiarios. El Gobierno apuesta a movilizar depósitos en dólares ociosos; los analistas recuerdan que el costo potencial sería relajar un esquema que dio estabilidad durante más de dos décadas.

Mercado atento a 2027

Las consultoras también leen la coyuntura desde el ángulo político. FMyA sostuvo que los encuentros entre el oficialismo y el PRO, y las conversaciones dentro del peronismo, ya “palpitan las elecciones 2027” pese al largo plazo que todavía resta. En paralelo, advirtió que la imagen de Javier Milei cayó en lo que va del año y que, aunque sigue liderando la intención de voto proyectada, aún no alcanza niveles que le garanticen una elección de segunda vuelta cómoda. Esa fragilidad política se volvió un dato financiero más.

1816 agregó que el Ejecutivo logró mantener a la vez la tasa corta y el spot del dólar por debajo del techo informal de $1.500, aunque con costos: menor compra de divisas por parte del Banco Central, presión sobre los títulos en pesos y peor desempeño relativo de la deuda en dólares. En el frente externo, el bono del Tesoro estadounidense a 10 años volvió a ubicarse cerca de 6,7%, un nivel que encarece el financiamiento argentino y reduce el margen para una mejora rápida en los activos locales.

El mercado, por ahora, parece aceptar que no habrá un salto cambiario inmediato, pero sí exige señales más convincentes sobre actividad, crédito y apoyo político. Mientras tanto, la mora alta funciona como un límite duro para cualquier intento de reanimar el consumo. Con tasas reales elevadas y hogares más comprometidos, la recuperación que el Gobierno busca impulsar depende menos de un anuncio puntual que de una mejora simultánea en confianza, ingresos y acceso al financiamiento.

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