Dos Bocas concentra más de una cuarta parte de los combustibles producidos por Pemex en julio

La refinería Olmeca, ubicada en Dos Bocas, Tabasco, se convirtió en la principal fuente de combustibles del Sistema Nacional de Refinación durante julio. La planta aportó 27.1 por ciento de la producción conjunta de gasolinas, turbosina y diésel, una proporción que la colocó por encima de las otras seis refinerías operadas por Petróleos Mexicanos (Pemex).

En términos operativos, el resultado confirma el creciente peso de la instalación tabasqueña dentro de la estrategia energética del país. Las siete refinerías del sistema produjeron en promedio 744.8 mil barriles diarios de esos combustibles durante el mes, y poco más de una cuarta parte salió de Dos Bocas. La cifra es relevante porque se trata de la planta más nueva del sistema y porque su incorporación modifica la distribución histórica de la producción entre las refinerías mexicanas.

La gasolina y el diésel explican el liderazgo

Dos Bocas produjo 108.5 mil barriles diarios de gasolinas durante julio. De ese volumen, 80.7 por ciento correspondió a gasolina Magna y 19.3 por ciento a Premium. La producción conjunta de ambos combustibles aumentó 89.5 por ciento frente al mismo mes de 2025, lo que muestra que la planta avanzó de manera significativa en la estabilización de sus procesos y en la obtención de productos terminados.

El diésel también tuvo un papel central. La refinería alcanzó un promedio de 93.39 mil barriles diarios, 21.3 por ciento más que un año antes. En cambio, no registró producción de turbosina durante julio. Esa ausencia impide interpretar el desempeño de Dos Bocas como un avance uniforme en todas las líneas de refinación: su fortaleza actual se concentra principalmente en gasolinas y diésel, mientras que otros productos todavía presentan un comportamiento más irregular.

Después de Dos Bocas, las mayores contribuciones al volumen nacional de combustibles provinieron de Tula, con 18.8 por ciento; Salina Cruz, con 18 por ciento; Cadereyta, con 11.4 por ciento; Salamanca, con 10.2 por ciento; Minatitlán, con 7.5 por ciento, y Madero, con 7.1 por ciento. La diferencia entre la planta tabasqueña y sus competidoras es especialmente visible frente a Tula y Salina Cruz, históricamente consideradas piezas fundamentales de la capacidad de refinación del país.

Un segundo máximo en el procesamiento de crudo

El liderazgo de Dos Bocas no se limitó a la producción de combustibles. Durante julio, la refinería procesó 228.9 mil barriles diarios de petróleo crudo, un incremento anual de 53.9 por ciento y su segundo mejor registro desde el inicio de sus operaciones comerciales.

El nivel más alto se alcanzó en diciembre de 2025, cuando la planta procesó 263.4 mil barriles diarios. Con el resultado de julio, Dos Bocas operó al 67.4 por ciento de su capacidad nominal, establecida en 340 mil barriles diarios. Pemex también informó que la instalación llegó a utilizar su capacidad máxima durante abril de 2026, aunque los datos mensuales posteriores muestran que todavía no mantiene ese ritmo de forma constante.

Esta diferencia entre capacidad instalada y operación efectiva es uno de los indicadores que deben observarse con mayor atención. Alcanzar picos mensuales demuestra que la infraestructura puede procesar volúmenes elevados, pero la relevancia económica de la refinería dependerá de sostener niveles altos durante periodos prolongados, con suficiente disponibilidad de crudo, continuidad operativa y producción estable de combustibles comercializables.

La planta ya cambió el mapa del sistema

En julio, el Sistema Nacional de Refinación procesó un promedio de 1 millón 217 mil barriles diarios de crudo. Dos Bocas aportó 18.8 por ciento de ese volumen y se ubicó como la segunda refinería con mayor procesamiento del país, solamente detrás de Salina Cruz, Oaxaca, que alcanzó 246.8 mil barriles diarios.

La posición de Dos Bocas tiene una lectura doble. Por una parte, incorpora nueva capacidad a un sistema que durante años dependió de instalaciones antiguas, con periodos de mantenimiento, paros y variaciones importantes en su rendimiento. Por otra, eleva la exigencia sobre Pemex: una planta de gran escala necesita operar con regularidad para que su contribución reduzca de manera sostenida la necesidad de importar combustibles, y no únicamente durante meses de producción elevada.

Durante la presentación del Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la aportación de la refinería y sostuvo que su operación ha permitido enfrentar el aumento internacional de los precios de los combustibles y los episodios de desabasto registrados en distintos países. El argumento coloca a Dos Bocas en el centro de la política de seguridad energética del gobierno, aunque sus resultados deben evaluarse junto con los costos de operación, la continuidad de la producción y el desempeño del conjunto de Pemex.

El dato también revela un reto de transparencia

Los indicadores de julio fueron publicados por Pemex con seis días de retraso respecto de su calendario oficial. La información debía difundirse el 26 de agosto, pero se actualizó hasta el 1 de septiembre. El desfase no altera los volúmenes reportados, pero sí afecta la oportunidad con la que especialistas, legisladores y el mercado pueden evaluar la evolución de la empresa estatal.

Los números de julio muestran, en cualquier caso, un avance claro de Dos Bocas dentro del sistema: lideró la producción de combustibles, registró un fuerte crecimiento anual en gasolinas y diésel y alcanzó su segundo mayor nivel de procesamiento de crudo. La cuestión decisiva ya no es únicamente si la refinería puede producir a gran escala, sino si logrará convertir esos máximos en un desempeño estable que fortalezca las finanzas de Pemex y reduzca de manera permanente la dependencia de suministros externos.

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