El cierre del 26 de junio situó el dólar estadounidense en 59,28 pesos dominicanos, un avance diario del 2,37% frente a los 57,91 pesos del día anterior. En la última semana el billete verde acumuló un alza del 1,8%, aunque en términos interanuales registra una contracción del 4,39%. La volatilidad del tipo de cambio alcanzó el 15,81%, muy por encima del nivel de referencia del 11,19%. Estos datos, tomados del mercado local, coinciden con las proyecciones del informe de UBS Financial Services sobre República Dominicana para 2026.
El informe de UBS anticipa que el crecimiento real del PIB se acelerará hasta el 4% en 2026, impulsado por tasas de interés más bajas y un entorno externo más estable. El gobierno dominicano aprobó un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0,4% del PIB para 2025 y amplía el déficit global al 3,5% del PIB. Para 2026, el Ministerio de Hacienda apunta a un déficit de 3,2% y un superávit primario de 0,5%. El Banco Central estima que el tipo de cambio llegará a 66,35 pesos en septiembre de 2026 y a 69,15 pesos un año después.

Efectos sobre importadores y sectores dependientes del dólar
Los importadores de bienes de capital y materias primas enfrentan costos más elevados cada vez que el tipo de cambio se acelera. En el caso dominicano, el encarecimiento del dólar afecta directamente la industria manufacturera y el comercio minorista que depende de insumos importados. Un aumento sostenido de 2 pesos en el tipo de cambio puede elevar los costos operativos entre 3% y 4% para empresas con alta exposición a divisas, según cálculos basados en la estructura de importaciones del Banco Central. Este margen reduce la capacidad de mantener precios estables y presiona los márgenes de ganancia en un contexto donde la demanda interna aún se recupera.
Perspectiva de los exportadores de servicios y receptores de remesas
Los sectores que generan divisas, como el turismo y las remesas, observan el movimiento del tipo de cambio con menor preocupación. Un peso más débil mejora la competitividad de los servicios turísticos y aumenta el poder adquisitivo de las remesas en moneda local. UBS estima que los superávits de exportaciones de servicios y remesas compensarán los déficits de la cuenta de ingresos y del comercio de mercancías, manteniendo el déficit por cuenta corriente entre 2% y 2,5% del PIB en 2025 y 2026. Sin embargo, esta compensación depende de que el flujo de turistas y remesas no se vea afectado por eventos climáticos o desaceleración en las economías de origen.
Tres lecturas estructurales del informe de UBS
La primera lectura apunta a que la depreciación controlada del peso dominicano forma parte de una estrategia deliberada para absorber choques externos sin sacrificar reservas internacionales. El Banco Central proyecta una trayectoria gradual hacia 66,35 pesos en septiembre de 2026, lo que sugiere una depreciación anual promedio cercana al 5%. Esta senda permite mantener la deuda pública en torno al 58% del PIB, siempre que no ocurran eventos macroeconómicos inesperados. La segunda lectura destaca que la inversión extranjera directa neta, estimada entre 3,5% y 4% del PIB, se concentra en turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario; estos flujos resultan suficientes para cubrir la brecha externa, pero su sostenibilidad depende de la percepción de estabilidad política y regulatoria. La tercera lectura indica que el estímulo fiscal focalizado y la reducción de tasas de interés liberarán demanda interna, aunque el margen fiscal es estrecho: un déficit de 3,2% del PIB deja poco espacio ante choques adversos.
Puntos de vista de autoridades, inversionistas y hogares
El Banco Central prioriza la estabilidad cambiaria y la acumulación de reservas, mientras el Ministerio de Hacienda busca expandir el gasto de capital sin comprometer la meta de superávit primario. Los inversionistas institucionales valoran la previsibilidad de la depreciación anunciada, pero advierten que cualquier aceleración por encima de la senda proyectada podría elevar las primas de riesgo. Los hogares de ingresos medios y bajos perciben el alza del dólar principalmente a través del precio de alimentos importados y combustibles, lo que erosiona el poder adquisitivo real incluso cuando las remesas crecen en términos nominales.
Riesgos identificados y escenarios alternativos
El informe de UBS menciona eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad como riesgos principales. Un huracán de gran intensidad podría reducir los ingresos por turismo entre 15% y 20% en un trimestre, presionando el tipo de cambio más allá de las proyecciones oficiales. Otro riesgo radica en una política monetaria de la Reserva Federal más restrictiva de lo esperado, que fortalecería al dólar globalmente y aceleraría la depreciación del peso dominicano. En ese escenario, el tipo de cambio podría superar los 70 pesos antes de finalizar 2027, elevando el costo del servicio de la deuda externa y complicando el cumplimiento de las metas fiscales.
La combinación de volatilidad elevada, dependencia de flujos de remesas y turismo, y un espacio fiscal limitado configura un entorno donde la depreciación controlada puede convertirse en depreciación acelerada si alguno de los supuestos de estabilidad externa falla. Los datos del Banco Central y las proyecciones de UBS ofrecen una hoja de ruta clara, pero la ejecución de esa ruta depende de factores que escapan al control de las autoridades dominicanas.
