El cierre de operaciones del 1 de julio situó al dólar estadounidense en 24 pesos cubanos según la tasa oficial, un incremento del 0,28 % frente al valor previo de 23,93. Esta variación se inscribe en una tendencia alcista moderada: 0,36 % en la última semana y el mismo porcentaje en términos interanuales. La volatilidad registrada alcanzó el 3,72 %, superior al nivel de referencia del 3,59 %. Paralelamente, el Gobierno proyecta para 2026 un crecimiento del PIB del 1 %, idéntica meta que no se cumplió en 2025 por la contracción observada. El ministro Joaquín Alonso ha caracterizado el escenario como una “economía de guerra”, marcada por amenazas externas, riesgos internos y tensiones que podrían agravarse.
El déficit fiscal estimado asciende a 74 500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3 100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas. La inflación prevista en el mercado formal es del 10 %, cinco puntos porcentuales menos que el 14,07 % interanual de cierre de 2025. Estos datos se presentan en un contexto donde la economía acumuló una contracción del 11 % entre 2020 y 2024, con una caída adicional del 1,1 % solo en 2024.
La unificación monetaria y su efecto persistente
La eliminación del peso convertible en enero de 2021 buscaba simplificar el sistema cambiario, pero no logró estabilizar la demanda de divisas. Entre 2020 y 2024 la economía se contrajo un 11 % y la dolarización avanzó en sectores clave. El tipo de cambio oficial de 24 pesos por dólar contrasta con la realidad del mercado informal, donde la prima sigue siendo elevada. Esta brecha refleja que la unificación no resolvió la escasez estructural de divisas, sino que la desplazó hacia canales paralelos.

El propio ministro de Economía reconoció que en 2022 no se alcanzaron los ingresos previstos por exportaciones y que el turismo sufrió una reducción adicional. La inflación alcanzó el 40 % ese año, impulsada por la falta de disponibilidad de divisas. Estos antecedentes sugieren que el pronóstico del 1 % de crecimiento para 2026 depende de variables que ya demostraron fragilidad en ejercicios anteriores.
Impacto en distintos actores económicos
Para la población, el alza del dólar oficial encarece los productos importados y los servicios dolarizados que se han extendido en el comercio minorista. La reducción proyectada de la inflación al 10 % ofrece un alivio relativo, pero sigue muy por encima de los niveles previos a la pandemia. Los pensionados y trabajadores del sector estatal ven erosionado su poder adquisitivo cuando los precios del mercado formal suben al ritmo previsto.
Los exportadores de servicios médicos y turismo enfrentan un escenario mixto. El Gobierno espera que ambos rubros generen las divisas necesarias para sostener el crecimiento del 1 %. Sin embargo, la migración masiva de personal calificado entre 2020 y 2024 ha reducido la capacidad de oferta en ambos sectores. Una caída adicional del turismo por factores externos —como recesión en mercados emisores o nuevas restricciones de viaje— pondría en riesgo el cumplimiento de la meta fiscal y cambiaria.
Los inversores extranjeros reciben señales contradictorias. El Ejecutivo promete un entorno “más dinámico y transparente” con mayores facilidades, pero reconoce las dificultades financieras actuales y la complejidad del contexto internacional. La persistencia de un déficit fiscal equivalente a más de 3 000 millones de dólares y la dolarización creciente generan incertidumbre sobre la convertibilidad futura de las utilidades.
Tres perspectivas sobre la sostenibilidad del escenario
La primera perspectiva sostiene que el crecimiento del 1 % es viable si se materializan mejoras en turismo y exportación de servicios médicos. Esta visión se apoya en la experiencia de 2023-2024, cuando ambos sectores mostraron recuperación parcial tras la pandemia. No obstante, el segundo año consecutivo de caída del PIB indica que los efectos de rebote ya se agotaron, según los datos de Cepal citados en el informe.
Una segunda lectura subraya que la “economía de guerra” implica una priorización de recursos que podría desplazar inversión productiva hacia gastos de defensa y seguridad. El aumento de la volatilidad cambiaria hasta 3,72 % sugiere que los agentes económicos anticipan mayor inestabilidad. Si esta tendencia se mantiene, el costo de cobertura de riesgos para nuevos proyectos se elevará y reducirá el atractivo de la inversión extranjera prometida.
La tercera perspectiva advierte sobre el efecto de la migración sostenida. Entre 2020 y 2024 la economía perdió fuerza laboral calificada equivalente a varios puntos del PIB. Sin una reversión de este flujo, los servicios médicos y turísticos difícilmente alcanzarán los niveles de divisas necesarios para financiar el déficit de 74 500 millones de pesos. Esta limitación estructural no se resuelve solo con ajustes de tipo de cambio.
Riesgos y trayectoria probable
El principal riesgo radica en que el crecimiento proyectado del 1 % vuelva a incumplirse por tercera vez consecutiva. Un nuevo retroceso del PIB ampliaría la brecha fiscal y presionaría aún más el tipo de cambio oficial. La inflación del 10 % prevista podría entonces subestimarse si la escasez de productos básicos persiste y el mercado negro amplía su participación.
Otro riesgo es la intensificación de las tensiones externas. Cualquier endurecimiento de sanciones o reducción de remesas afectaría directamente la disponibilidad de divisas y la capacidad de importar insumos básicos. En ese escenario, la dolarización avanzaría más rápido y la unificación monetaria de 2021 quedaría aún más lejos de su objetivo original de estabilización.
La trayectoria más probable combina un crecimiento marginal con mayor segmentación de la economía entre sectores dolarizados y el resto de la población. El tipo de cambio oficial de 24 pesos podría mantenerse estable en el corto plazo mediante intervenciones puntuales, pero la volatilidad superior al 3,5 % indica que los ajustes serán frecuentes. La capacidad del Gobierno para atraer inversión extranjera dependerá de que las reformas de transparencia se perciban como creíbles antes de que se agoten las reservas de divisas disponibles.
