El dólar estadounidense inició la jornada del 2 de julio cotizando a 24 pesos cubanos en el mercado oficial, lo que representa un avance del 0,27 % respecto al cierre previo de 23,94 pesos, según registros de Dow Jones. Esta variación se inscribe en una secuencia de dos jornadas consecutivas de alza, aunque el tipo de cambio se mantuvo estable durante la última semana y registró apenas un incremento interanual del 0,27 %. La volatilidad actual se ubica en 3,22 %, inferior al promedio de referencia de 3,58 %, lo que indica una relativa calma en el segmento oficial del mercado cambiario.

Las autoridades cubanas vinculan esta evolución cambiaria con el panorama macroeconómico más amplio. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, presentó las proyecciones para 2026, que contemplan un crecimiento del PIB del 1 %, idéntica meta que no se alcanzó en 2025 por la contracción del producto. El funcionario describió el entorno como una “economía de guerra”, sometida a amenazas externas, riesgos internos y tensiones que podrían agravarse. Los cálculos oficiales descansan en una recuperación del turismo y en el mantenimiento de los servicios médicos exportados como principal fuente de divisas.
Inflación, déficit y problemas estructurales
En materia de precios, el Gobierno estima un aumento del 10 % en el mercado formal, cinco puntos porcentuales menos que la inflación interanual del 14,07 % registrada al cierre de 2025. El déficit fiscal proyectado asciende a 74 500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3 100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, cifra similar a la del ejercicio anterior. Estas metas conviven con dificultades persistentes: escasez de bienes básicos, interrupciones eléctricas frecuentes, inflación elevada, avance de la dolarización y una fuerte emigración.
Entre 2020 y 2024 la economía cubana acumuló una contracción del 11 %. Solo en 2024 el PIB retrocedió 1,1 %, marcando el segundo año consecutivo de caída. Las autoridades reconocen que la atracción de inversión extranjera resulta indispensable para revertir esta tendencia, aunque admiten las limitaciones financieras actuales y la complejidad del contexto internacional y doméstico. El Ejecutivo ha prometido un marco “más dinámico y transparente” para los inversores, sin detallar los mecanismos concretos que permitirían superar los obstáculos existentes.
Antecedentes de la unificación monetaria
El peso cubano, moneda de curso legal dividida en 100 centavos, experimentó cambios profundos con la eliminación del peso convertible a partir del 1 de enero de 2021. Antes de esa fecha, el peso convertible era la unidad más aceptada en transacciones formales; su desaparición se interpretó por algunos sectores como una devaluación efectiva, mientras que para otros representó el ajuste necesario para equiparar el tipo de cambio a 24 pesos cubanos por dólar. En 2002 la paridad era de 21 pesos por peso convertible; posteriormente se devaluó hasta 26. El dólar, por su parte, equivalía a 25 pesos cubanos más un impuesto del 10 % hasta la unificación.
La demanda de divisas que no pudo satisfacerse en el mercado oficial impulsó el mercado informal, donde el dólar llegó a negociarse por encima de los 100 pesos en periodos de mayor tensión. En la actualidad circulan monedas de 1, 2, 5 y 20 centavos y de 1, 3 y 5 pesos, además de billetes de hasta 1 000 pesos. El propio exministro Alejandro Gil Fernández reconoció que en 2022 no se cumplieron las metas de exportación y que el turismo descendió, mientras la inflación alcanzaba el 40 % por la escasez de divisas.
Perspectivas y desafíos pendientes
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe había advertido a finales de 2022 sobre el riesgo de agotamiento del efecto rebote posterior a la pandemia. Esa advertencia cobra relevancia ante las nuevas proyecciones de 2026, que dependen de variables externas como la evolución del turismo internacional y la capacidad de mantener los ingresos por servicios médicos. La estabilidad observada en el tipo de cambio oficial contrasta con las tensiones estructurales que el propio Gobierno identifica, lo que sugiere que cualquier avance en el mercado cambiario formal requerirá mejoras sostenidas en la oferta de divisas y en la confianza de los agentes económicos.
El balance entre metas ambiciosas y restricciones persistentes define el escenario inmediato. Mientras el dólar oficial muestra variaciones modestas, el país enfrenta la necesidad de revertir dos años consecutivos de contracción del PIB y de reducir la brecha entre las expectativas oficiales y los resultados observados en ejercicios previos.
