Dólar en Bolivia: cierre a 6,85 bolivianos el 1 de julio

El dólar estadounidense cerró el 1 de julio de 2026 a 6,85 bolivianos, lo que representa un incremento del 1,65 % respecto al valor de 6,74 bolivianos registrado la jornada anterior, según datos de Dow Jones. Este movimiento se inscribe en una tendencia alcista que ya acumula un avance del 1,73 % en la última semana y del 1,51 % en términos interanuales. La volatilidad del tipo de cambio alcanzó el 19,62 %, por encima del nivel de referencia del 16,1 %, lo que refleja un entorno de mayor inestabilidad en el mercado cambiario boliviano.

La cotización oficial del Banco Central de Bolivia se mantiene en 6,96 bolivianos, pero su relevancia práctica ha disminuido frente a los valores que operan en el sistema financiero y en el mercado paralelo. Esta brecha evidencia la transición hacia un esquema de unificación cambiaria que el Gobierno impulsa desde comienzos de año.

El mercado paralelo, que a inicios de 2026 se estabilizó temporalmente cerca de 9,64 bolivianos, responde a las expectativas generadas por las reformas cambiarias y el anuncio de un financiamiento de 4.500 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo para el período 2026-2028. La liberación gradual de divisas en el sistema financiero y la publicación diaria de valores referenciales por parte del Banco Central —actualmente en torno a 9,21 bolivianos para la compra y 9,40 para la venta— buscan reducir la brecha entre el tipo oficial y las operaciones reales del comercio.

El Ejecutivo boliviano se ha fijado como meta reducir el déficit fiscal al 7 % del PIB este año y proyecta una inflación de hasta el 17 %. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advirtió que la inflación podría superar el 15 % si no se controla la emisión monetaria, mientras el Banco Mundial anticipa una contracción del 1,1 % en el PIB para 2026 y la CEPAL estima un crecimiento marginal del 0,5 %. El FMI optó por no emitir pronósticos de mediano plazo ante el alto nivel de incertidumbre.

La volatilidad observada en julio no es un fenómeno aislado. Tras la fuerte inestabilidad cambiaria de 2025, Bolivia enfrenta una transición estructural que combina la unificación progresiva del tipo de cambio con la necesidad de estabilizar las expectativas de los agentes económicos. La publicación diaria de valores referenciales busca precisamente anclar esas expectativas y facilitar la formación de precios en un contexto donde el dólar oficial ya no refleja el costo real de las importaciones ni de las transacciones comerciales.

La brecha entre el tipo oficial y el paralelo genera distorsiones en la asignación de divisas y en la competitividad de las empresas que dependen de insumos importados. Al mismo tiempo, la inyección de financiamiento externo prevista por el BID podría aliviar la presión sobre las reservas internacionales, siempre que se mantenga la disciplina fiscal y se evite una expansión monetaria descontrolada. La experiencia de otros países que transitaron por procesos similares indica que el éxito depende tanto de la consistencia de las señales de política como de la credibilidad que logre generar el Banco Central.

En este escenario, la evolución del tipo de cambio en las próximas semanas dependerá de la velocidad con que se liberen las divisas comprometidas y de la respuesta de los mercados a los datos de inflación y actividad económica que se publiquen durante el segundo semestre. La combinación de un déficit fiscal elevado, presiones inflacionarias y una contracción del producto interno plantea un desafío complejo que requerirá coordinación entre la política cambiaria, la fiscal y la monetaria para evitar que la volatilidad se traduzca en una pérdida adicional de reservas o en un deterioro mayor de las condiciones de financiamiento externo.

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