El dólar estadounidense cerró el 29 de junio en Bolivia a un promedio de 6,85 bolivianos, sin variación respecto al día anterior, según datos de Dow Jones. Esta estabilidad se registra tras una semana en la que la divisa acumuló un avance del 1,67 % y un incremento interanual del 1,57 %. La volatilidad actual del 12,65 % permanece por debajo del nivel de referencia del 16,03 %, lo que indica un mercado cambiario con menor fluctuación en el corto plazo.
El tipo de cambio oficial reportado por el Banco Central de Bolivia se mantiene en 6,96 bolivianos, aunque su relevancia práctica ha disminuido frente a las cotizaciones que operan en el sistema financiero. La diferencia entre ambos valores refleja el proceso de transición que atraviesa la economía boliviana tras la volatilidad observada durante 2025.
Evolución del mercado paralelo y reformas cambiarias
A inicios de 2026 el mercado paralelo mostró cotizaciones cercanas a 9,64 bolivianos, impulsadas por las expectativas generadas por el anuncio de un financiamiento de 4.500 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo para el período 2026-2028. El Gobierno boliviano busca reducir el déficit fiscal al 7 % este año y proyecta una inflación de hasta el 17 %. El Fondo Monetario Internacional había advertido que la inflación podría superar el 15 % si no se controla la emisión monetaria, aunque las autoridades mantienen que las medidas adoptadas limitarán ese riesgo.

El Banco Central comenzó a publicar valores referenciales diarios que se ubican en 9,21 bolivianos para la compra y 9,40 para la venta. Estos precios, aunque aún distantes del tipo oficial, han ganado peso en las operaciones comerciales. La unificación cambiaria gradual contempla la liberación progresiva de dólares en el sistema financiero, un proceso que busca reducir la brecha entre los distintos mercados sin generar shocks abruptos.
Proyecciones de organismos internacionales y contexto macroeconómico
El Banco Mundial prevé una contracción del PIB boliviano del 1,1 % para 2026, mientras la CEPAL estima un crecimiento marginal del 0,5 %. El FMI optó por no emitir pronósticos detallados a mediano plazo debido al alto nivel de incertidumbre. Estas diferencias entre organismos reflejan la dificultad de modelar una economía que enfrenta simultáneamente una reforma cambiaria estructural y una posible desaceleración de la actividad productiva.
La decisión de mantener el tipo de cambio oficial en niveles alejados de las cotizaciones de mercado responde a la necesidad de preservar reservas internacionales, aunque también genera distorsiones en la asignación de divisas. Las empresas importadoras enfrentan costos crecientes al recurrir al mercado paralelo, mientras que los exportadores perciben menores incentivos para liquidar divisas a través de canales oficiales.
Desafíos de la transición y perspectivas de estabilidad
El proceso de unificación cambiaria implica riesgos tanto de aceleración inflacionaria como de contracción del crédito. Si la liberación de dólares se realiza de forma demasiado rápida, podría presionar los precios al alza; si es excesivamente lenta, podría prolongar la escasez de divisas y afectar la actividad comercial. El Gobierno ha señalado que la publicación diaria de valores referenciales busca reducir la incertidumbre y facilitar la formación de expectativas por parte de los agentes económicos.
La experiencia de 2025 mostró que la volatilidad cambiaria puede amplificarse cuando coinciden presiones fiscales, restricciones de liquidez y expectativas negativas. En ese sentido, la estabilidad observada al cierre de junio de 2026 representa un punto intermedio en una trayectoria que aún debe demostrar capacidad de sostenerse ante posibles choques externos, como variaciones en los precios de las materias primas o cambios en el flujo de financiamiento multilateral.
Los próximos meses serán determinantes para evaluar si las reformas logran acercar los distintos tipos de cambio sin sacrificar la meta de reducción del déficit ni generar una espiral inflacionaria. La coordinación entre la política monetaria del Banco Central y las decisiones fiscales del Ejecutivo seguirá siendo el factor clave para definir el ritmo de convergencia del mercado cambiario boliviano.
