El dólar estadounidense cerró el 2 de julio en 6,85 bolivianos, un incremento del 1,65% respecto a los 6,74 de la jornada anterior. En la última semana el avance acumulado alcanza el 1,98%, mientras la variación interanual se sitúa en 1,45%. La volatilidad actual del 19,14% supera el umbral de referencia del 16%, confirmando un periodo de inestabilidad sostenida.

El mercado paralelo mantiene cotizaciones cercanas a 9,64 bolivianos, impulsado por las expectativas de reformas cambiarias y el financiamiento de 4.500 millones de dólares del BID. El tipo de cambio oficial de 6,96 bolivianos pierde relevancia frente a los valores referenciales del Banco Central de 9,21 para compra y 9,40 para venta.
Transición estructural y riesgos
La brecha entre el precio oficial y el paralelo evidencia una unificación cambiaria en marcha que reduce la efectividad de las reservas para estabilizar el mercado. El Gobierno busca recortar el déficit fiscal al 7% e intenta contener una inflación proyectada en 17%, aunque el FMI advierte que la emisión monetaria podría empujarla por encima del 15%.
Las previsiones de organismos internacionales agravan el panorama: el Banco Mundial anticipa una contracción del PIB del 1,1%, mientras la CEPAL estima un crecimiento marginal del 0,5%. Esta divergencia de pronósticos refleja la alta incertidumbre que rodea la política económica boliviana para 2026.
La liberación gradual de dólares y la publicación diaria de valores referenciales buscan estabilizar el sistema, pero la volatilidad persistente indica que el ajuste estructural aún enfrenta resistencias significativas en un contexto de contracción económica.
