En España crece el rechazo a ciertos influencers, sobre todo del lifestyle, por la sobreexposición publicitaria, la ostentación y la distancia con la vida cotidiana. El dato clave no es una caída del consumo de creadores, sino un cambio de criterio: 69.8% percibe abuso de publicidad encubierta, pero 56.4% sigue a influencers. La audiencia no ha abandonado el formato; ha dejado de tolerar la simulación.

La lectura para marcas y agencias es directa. El modelo no se agota, pero sí la idea de que cualquier cuenta con alcance puede vender credibilidad ilimitada. La creator economy sigue creciendo y podría llegar a 480 mil millones de dólares en 2027, pero el valor ya no lo define el volumen de seguidores, sino la confianza, la relevancia y la capacidad real de mover conducta. El usuario aprendió a “votar con el dedo”: si una cuenta se vuelve escaparate, la desatiende. Ahí está el boicot silencioso que está reordenando el mercado.
