Las altas temperaturas registradas en amplias zonas del país durante los últimos veranos han modificado los patrones de uso de equipos de climatización en los hogares mexicanos. La combinación de un mayor número de días con termómetros por encima de los 32 grados y el incremento sostenido de las tarifas eléctricas ha llevado a miles de familias a buscar fórmulas que mantengan el confort sin disparar el recibo mensual de la CFE. Las recomendaciones difundidas por la Organización de Consumidores y Usuarios de España, replicadas en medios locales, proponen fijar el termostato en 25 grados y complementar el aire acondicionado con ventiladores de piso o techo, una práctica que reduce el esfuerzo del compresor y distribuye el aire frío de manera más uniforme.
Este ajuste no surge de manera aislada. Desde 2018, el Servicio Meteorológico Nacional ha documentado un aumento del 18 por ciento en el número de olas de calor que afectan al norte y sureste del territorio. Ciudades como Monterrey, Hermosillo y Mérida han visto cómo la demanda residencial de electricidad se dispara entre junio y septiembre, obligando a la Comisión Federal de Electricidad a activar plantas de ciclo combinado adicionales. En ese contexto, cada grado adicional de enfriamiento representa aproximadamente un 10 por ciento más de consumo según mediciones de laboratorio realizadas por la propia OCU, dato que coincide con estudios del Instituto de Investigaciones Eléctricas mexicano.

El uso simultáneo de ventiladores responde a un principio físico sencillo: el movimiento de aire acelera la evaporación del sudor en la piel y reduce la sensación térmica entre dos y tres grados sin necesidad de bajar la temperatura del aire acondicionado. Pruebas realizadas en viviendas de tamaño medio en Guadalajara demostraron que esta combinación permite mantener el termostato en 25 grados mientras se percibe un ambiente equivalente a 23 grados, con un ahorro promedio del 14 por ciento en el consumo mensual. La orientación del flujo de aire resulta clave; cuando el ventilador apunta directamente a las personas, el efecto de confort desaparece y el gasto energético vuelve a subir.
Transformaciones en la industria de climatización
La difusión de estas prácticas coincide con un cambio estructural en la oferta de equipos. Los modelos con tecnología inverter, que ajustan la velocidad del compresor de forma continua, han pasado de representar el 22 por ciento de las ventas en 2019 al 47 por ciento en 2024, según datos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Aparatos Domésticos. Fabricantes como Midea y Daikin han introducido funciones Eco que limitan automáticamente la potencia cuando detectan que la diferencia entre interior y exterior supera los ocho grados recomendados. Esta evolución responde tanto a la presión regulatoria como a la demanda de los consumidores que buscan reducir el impacto en sus facturas.
El modo programable a través de aplicaciones móviles añade otra capa de eficiencia. En Monterrey, una empresa de vivienda social equipó 320 departamentos con termostatos inteligentes conectados a la red eléctrica local. Durante dos veranos consecutivos, el sistema apagó los equipos entre las 4 y las 7 de la mañana, cuando la temperatura exterior descendía por debajo de 26 grados. El resultado fue una reducción del 21 por ciento en el consumo promedio por vivienda, sin quejas por incomodidad térmica. Este tipo de intervenciones demuestra que la tecnología puede traducir las recomendaciones técnicas en ahorros medibles a escala comunitaria.
Repercusiones en la red eléctrica nacional
El efecto agregado de millones de hogares adoptando estas medidas podría aliviar la presión sobre el sistema de generación y transmisión. El Centro Nacional de Control de Energía ha señalado que el pico de demanda vespertino en verano ha crecido un 9 por ciento anual desde 2020, impulsado principalmente por el sector residencial. Si un porcentaje significativo de usuarios mantuviera el termostato en 25 grados y utilizara ventiladores como apoyo, la necesidad de encender plantas de respaldo de alto costo disminuiría. Esto se traduce en menor quema de combustóleo y gas natural durante las horas críticas, con beneficios directos en emisiones de dióxido de carbono y partículas finas.
Las tarifas de alto consumo establecidas por la CFE amplifican el incentivo económico. Los usuarios que rebasan los 2500 kilowatts-hora bimestrales pagan más del doble por cada unidad adicional. En estados con climas extremos, donde el aire acondicionado representa hasta el 60 por ciento del gasto eléctrico mensual, la diferencia entre mantener 22 grados o 25 grados puede significar varios cientos de pesos en la factura. Esta dinámica ha llevado a organismos estatales de protección al consumidor a incluir guías de eficiencia energética en sus campañas de verano, reconociendo que la información técnica puede traducirse en alivio presupuestario para las familias.
Dimensiones sociales y de equidad
El acceso a sistemas de climatización eficientes no está distribuido de manera uniforme. En colonias de bajos ingresos, los equipos más antiguos y sin tecnología inverter siguen predominando, lo que eleva el consumo por grado de enfriamiento. Programas de sustitución de aparatos, como el impulsado por la Secretaría de Energía en 2023, han priorizado hogares con tarifas de alto consumo, pero la cobertura sigue siendo limitada. La combinación de ventilador y aire acondicionado a 25 grados ofrece una solución de bajo costo que no requiere reemplazar el equipo completo, aunque su efectividad depende de que las viviendas cuenten con un mínimo de aislamiento térmico en techos y ventanas.
El mantenimiento periódico de los filtros y la revisión del refrigerante también adquieren relevancia social. Un equipo sucio puede aumentar su consumo hasta un 25 por ciento, según mediciones de laboratorios independientes. En contextos donde las familias postergan el servicio técnico por razones económicas, el gasto eléctrico termina siendo mayor a largo plazo. Campañas de capacitación comunitaria que enseñen a limpiar filtros y a identificar señales de bajo rendimiento podrían complementar las recomendaciones técnicas y reducir la brecha de eficiencia entre distintos niveles socioeconómicos.
Perspectivas de política energética
La experiencia española de la OCU, adaptada al contexto mexicano, pone de relieve la necesidad de actualizar las normas oficiales mexicanas de eficiencia energética para aparatos de aire acondicionado. La NOM-ENER-022 vigente establece requisitos mínimos, pero no contempla incentivos para la integración de ventiladores ni para el uso de modos Eco programables. Una revisión que incorpore estos elementos podría acelerar la adopción de prácticas de bajo consumo sin sacrificar el confort en regiones donde las temperaturas superan los 35 grados durante semanas consecutivas.
El monitoreo a largo plazo de estas medidas permitirá evaluar si los ahorros individuales se mantienen cuando se generalizan. El aumento de la temperatura media global sugiere que las olas de calor serán más frecuentes e intensas, por lo que las estrategias de enfriamiento pasivo y complementario dejarán de ser recomendaciones opcionales para convertirse en componentes estructurales de la política energética nacional. La interacción entre comportamiento del usuario, diseño de equipos y regulación tarifaria determinará si México logra mantener niveles razonables de consumo eléctrico durante los meses de mayor demanda térmica.
