Construcción redefine el crecimiento salvadoreño

El primer trimestre de 2026 marcó un punto de inflexión para la economía de El Salvador. Según datos del Banco Central de Reserva, el Producto Interno Bruto creció 4,8 % interanual, más del doble del promedio histórico de 2,2 % registrado desde 2009. El motor principal fue la construcción, que avanzó 13,5 %, la tasa más alta entre las 19 actividades productivas analizadas. Este desempeño se explica por la combinación de inversión pública en infraestructura estratégica y proyectos privados en vivienda, comercio y logística. Las obras del Aeropuerto Internacional del Pacífico, las mejoras en el Aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero y la modernización del puerto de Acajutla generaron un efecto multiplicador inmediato sobre transporte, comercio y servicios administrativos.

Diecisiete de las 19 ramas productivas mostraron resultados positivos. Sectores como minas y canteras (11,1 %), transporte y almacenamiento (7,6 %) y hoteles y restaurantes (7,1 %) también registraron avances notables, aunque inferiores al de la construcción. La Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (Opamss) atribuyó el dinamismo a la confianza institucional entre sector público y privado, respaldada por procesos técnicos rigurosos y coordinación con la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (Casalco).

Efectos multiplicadores sobre el empleo y la cadena productiva

El crecimiento de la construcción no se limitó a su propia actividad. Cada punto porcentual adicional en el sector genera demanda de materiales, mano de obra calificada y servicios logísticos. En El Salvador, donde el desempleo estructural afecta especialmente a jóvenes sin formación técnica, los proyectos de infraestructura han absorbido mano de obra local en obras viales y aeroportuarias. Sin embargo, la calidad del empleo sigue dependiendo de la duración de los contratos y de la transferencia de habilidades hacia otros sectores una vez concluidas las obras mayores.

La modernización del puerto de Acajutla ilustra este encadenamiento. Al mejorar la capacidad de manejo de contenedores, se reduce el tiempo de despacho de mercancías y se facilita la exportación de productos agroindustriales y manufacturas. Esta mejora logística beneficia directamente a pequeños y medianos exportadores que antes enfrentaban costos elevados por demoras en el puerto. El efecto se traduce en mayor competitividad regional, aunque su magnitud dependerá de que las mejoras operativas se mantengan en el tiempo y no queden limitadas a la fase de construcción.

Confianza institucional como factor diferenciador

Uno de los elementos más relevantes del actual ciclo es la relación de confianza entre el sector público y el privado. La Opamss ha aplicado criterios técnicos consistentes y reglas claras para la aprobación de proyectos, lo que reduce la incertidumbre regulatoria que históricamente retrasaba inversiones. Esta institucionalidad permite que las empresas desarrolladoras planifiquen con horizontes de mediano plazo y no solo respondan a incentivos coyunturales.

La coordinación con Casalco ha sido clave para alinear estándares de calidad y tiempos de ejecución. Cuando los procesos de revisión técnica son predecibles, los costos de transacción disminuyen y se liberan recursos que pueden destinarse a innovación en materiales o eficiencia energética. Esta dinámica contrasta con periodos anteriores en los que la falta de coordinación generaba parálisis o proyectos inconclusos.

Perspectivas de actores públicos y privados

Desde la perspectiva del Banco Central de Reserva, el crecimiento actual supera las expectativas y refuerza la narrativa de recuperación tras años de bajo dinamismo. Para el sector privado, representado por Casalco y desarrolladores inmobiliarios, el entorno actual ofrece oportunidades de expansión, siempre que se mantengan las condiciones de financiamiento y la demanda interna siga respondiendo al impulso de la inversión pública.

Los gobiernos locales y las comunidades cercanas a las obras expresan opiniones mixtas. Mientras algunos alcaldes destacan la generación de empleos temporales y mejoras en conectividad, otros señalan que los beneficios no siempre se distribuyen de manera equitativa y que persisten deficiencias en servicios básicos una vez terminadas las obras de mayor visibilidad. Esta tensión entre impacto macroeconómico y resultados locales constituye uno de los desafíos para sostener el apoyo social a largo plazo.

Tendencias futuras y sostenibilidad del modelo

Si la combinación de inversión pública estratégica y confianza institucional se mantiene, es probable que el sector construcción siga impulsando el PIB durante los próximos dos años. La finalización del Aeropuerto del Pacífico y la ampliación de capacidad portuaria podrían consolidar a El Salvador como hub logístico regional, atrayendo inversión extranjera directa en manufacturas y turismo.

Sin embargo, la transición hacia un crecimiento más diversificado requerirá que los encadenamientos productivos se extiendan más allá de la construcción misma. Esto implica políticas activas de formación técnica, incentivos a la industria de materiales locales y mayor integración con sectores de mayor valor agregado como agroindustria y servicios digitales. De lo contrario, el país podría enfrentar una desaceleración brusca una vez concluyan los grandes proyectos de infraestructura actualmente en marcha.

Riesgos estructurales y vulnerabilidades

El principal riesgo radica en la concentración excesiva del crecimiento en un solo sector. La construcción es sensible a ciclos de crédito y a cambios en las prioridades fiscales. Una reducción en la inversión pública por restricciones presupuestarias o por aumento de la deuda podría generar una caída abrupta en la actividad y en el empleo relacionado.

Además, los proyectos de gran escala conllevan riesgos ambientales y de uso de suelo. La expansión urbana sin planificación adecuada puede generar congestión, pérdida de áreas verdes y presión sobre recursos hídricos. Si no se aplican evaluaciones de impacto rigurosas y mecanismos de compensación, los costos sociales y ambientales podrían erosionar parte de los beneficios económicos observados en el corto plazo.

Por último, la dependencia de la confianza institucional supone un equilibrio frágil. Cualquier percepción de discrecionalidad en la adjudicación de contratos o de debilitamiento de los controles técnicos podría revertir rápidamente el flujo de inversión privada. Mantener la transparencia y la consistencia regulatoria será tan importante como la ejecución misma de las obras para preservar el ciclo expansivo.

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