Muchos consumidores tiran comida en buen estado por confundir la fecha de caducidad con la de consumo preferente. La Procuraduría Federal del Consumidor advierte que esta confusión genera desperdicio innecesario y pérdidas económicas en los hogares.
Diferencias clave entre ambas fechas
La fecha de caducidad marca el límite de seguridad en productos perecederos como carne, pescado y lácteos. Después de ese día, el alimento puede representar riesgo para la salud aunque no muestre cambios visibles. En cambio, la fecha de consumo preferente solo indica el periodo de máxima calidad en sabor y textura; productos como arroz, pasta, conservas y cereales pueden consumirse después si el envase está intacto y no hay alteraciones en olor o apariencia.

La distinción tiene consecuencias prácticas. Respetar la caducidad protege la salud, mientras que ignorar la preferente sin revisar el producto incrementa el desperdicio. Organizaciones como 123IAP recuperan alimentos aptos en la Central de Abastos para redistribuirlos, demostrando que una revisión sencilla evita desechar comida útil.
Acciones que reducen el desperdicio
Planear compras revisando la despensa antes de adquirir nuevos productos, priorizar lo próximo a vencer y almacenar según las indicaciones del fabricante son medidas directas. Separar perecederos de secos y donar excedentes también disminuye pérdidas. Estas prácticas no solo ahorran dinero, sino que reducen el impacto ambiental de la producción y transporte de alimentos que terminan en la basura por error de interpretación.
Entender las etiquetas permite decisiones informadas que protegen tanto la salud como los recursos del hogar.
