El ministro de Exteriores chino Wang Yi y su homólogo danés Lars Løkke Rasmussen mantuvieron en Copenhague una reunión centrada en el déficit comercial de la Unión Europea con China, que alcanza unos 360.000 millones de euros anuales. Wang subrayó que China y Europa son socios y no adversarios, mientras Rasmussen insistió en que el desequilibrio actual resulta insostenible e inaceptable para Europa. El encuentro marca la primera parada de la gira nórdica de Wang, que continuará por Suecia, Finlandia y Noruega.
Según datos de la Comisión Europea, las importaciones procedentes de China han crecido un 45 % en los últimos años, impulsadas por subsidios estatales, exceso de capacidad industrial y barreras de acceso al mercado chino. Dinamarca, principal socio comercial de China en Asia para el reino, registró frutos económicos notables en comercio e inversión durante la última década, pero el mensaje danés fue claro: sin correcciones estructurales, Europa se verá obligada a adoptar medidas correctivas.

Impacto en las cadenas de suministro nórdicas
Las empresas danesas de los sectores marítimo, farmacéutico y de energías renovables mantienen una presencia significativa en China. Un posible endurecimiento de las condiciones de acceso al mercado chino afectaría directamente sus márgenes y planes de expansión. Al mismo tiempo, la advertencia danesa de que el déficit es inaceptable introduce incertidumbre para las compañías chinas que buscan entornos predecibles en Europa del Norte. El resultado probable es una ralentización temporal de nuevas inversiones hasta que se aclare el rumbo de las negociaciones bilaterales y el mecanismo de diálogo UE-China programado para este otoño.
Tres lecturas estructurales del encuentro
La primera lectura apunta a un cambio de tono en la diplomacia nórdica. Dinamarca ha optado por canalizar la crítica europea a través de un diálogo bilateral en lugar de limitarse a declaraciones colectivas de Bruselas. Este enfoque permite a Copenhague preservar canales de cooperación en áreas como la transición ecológica y el transporte marítimo sostenible, al tiempo que transmite la línea roja comercial de la UE. El cálculo danés parece ser que una presión constructiva puede obtener concesiones chinas más rápidamente que una confrontación abierta.
La segunda lectura se refiere al vínculo entre comercio y seguridad. Rasmussen vinculó explícitamente el apoyo chino a Rusia en la guerra de Ucrania con el deterioro de la imagen de China en Europa occidental. Esta conexión eleva el coste reputacional de la neutralidad china y añade un factor geopolítico a las negociaciones comerciales. Las empresas europeas que dependen de suministros chinos podrían anticipar mayor escrutinio regulatorio si Pekín no modera su postura sobre Ucrania.
La tercera lectura concierne al futuro de la cooperación verde. Wang propuso iniciar negociaciones para actualizar el plan de trabajo conjunto en materia ecológica y profundizar la investigación en innovación y salud. Sin embargo, el déficit comercial y las preocupaciones sobre subsidios chinos en sectores como vehículos eléctricos y paneles solares complican cualquier avance rápido. Las compañías nórdicas especializadas en tecnología limpia observan con cautela si las nuevas conversaciones permitirán un acceso más equilibrado o si se mantendrán las asimetrías actuales.
Perspectivas de los actores involucrados
Desde el punto de vista chino, el mensaje central es la defensa de la cooperación como eje principal de las relaciones con Europa y la invitación a empresas danesas a seguir invirtiendo. Pekín busca proyectar estabilidad y oportunidades mutuas en un momento de tensiones globales. Para Dinamarca y la UE, el objetivo es corregir un desequilibrio que consideran estructural y que afecta la competitividad industrial europea. Las empresas danesas valoran la continuidad del acceso al mercado chino, pero también necesitan reglas más predecibles y reciprocidad en licitaciones y propiedad intelectual. Los consumidores europeos, por su parte, podrían enfrentar precios más altos si se imponen aranceles o restricciones a productos chinos subsidiados.
Escenarios futuros y riesgos
Uno de los escenarios probables es que el mecanismo de diálogo UE-China, con la participación del comisario Maros Sefcovic, produzca compromisos parciales en sectores específicos como vehículos eléctricos o acero, a cambio de mantener abiertas ciertas líneas de cooperación tecnológica. Otro escenario contempla que la falta de avances concretos lleve a la Unión Europea a activar instrumentos de defensa comercial ya existentes, elevando aranceles en productos estratégicos. En ambos casos, las empresas nórdicas enfrentarán costes de adaptación y posibles disrupciones en cadenas de suministro.
El principal riesgo radica en la escalada de tensiones geopolíticas. Si el apoyo chino a Rusia persiste, la presión europea podría endurecerse y afectar incluso áreas de cooperación no comercial, como la investigación científica conjunta. Un segundo riesgo es la fragmentación interna de la UE: países con mayor dependencia comercial de China podrían adoptar posturas más conciliadoras, debilitando la posición negociadora común. Finalmente, existe el riesgo de que las empresas chinas reduzcan su exposición a mercados europeos percibidos como cada vez más hostiles, acelerando la diversificación de sus cadenas de suministro hacia otras regiones.
El encuentro entre Wang y Rasmussen refleja una fase de ajuste en las relaciones sino-europeas, donde el diálogo bilateral nórdico sirve como termómetro de tensiones más amplias. La capacidad de ambas partes para traducir las palabras en compromisos verificables determinará si la cooperación económica sigue siendo el eje central o si el desequilibrio comercial marca el inicio de una etapa más confrontacional.
