Chicharito explica su divorcio y habla de roles de género

Javier “Chicharito” Hernández volvió a generar debate público después de explicar, durante una entrevista en el podcast Learning to be human, los factores que, desde su perspectiva, contribuyeron al final de su matrimonio con la modelo e influencer australiana Sarah Kohan. El exdelantero de la Selección Mexicana y de Chivas de Guadalajara asumió responsabilidad por el deterioro de la relación, pero también vinculó el desenlace con lo que describió como una falta de “masculinidad” propia y de “feminidad” por parte de su exesposa.

“A mi exesposa le faltó ser muchísimo más femenina y a mí me faltó ser muchísimo más masculino”, afirmó Hernández durante la conversación conducida por Eleni Fafutis. La declaración fue presentada por el exfutbolista como una reflexión personal sobre las dinámicas de pareja y no como una acusación exclusiva contra Kohan. Sin embargo, el uso de categorías asociadas con roles tradicionales de género volvió a colocar sus opiniones sobre la vida privada y las relaciones en el centro de la discusión.

Una explicación centrada en la responsabilidad compartida

Hernández sostuvo que durante el matrimonio dejó de tomar decisiones desde sus propias convicciones y comenzó a actuar para satisfacer expectativas externas. “No estaba siendo lo suficientemente masculino. Estaba tratando de complacer a todo el mundo menos a mí”, dijo. Según su relato, esa desconexión personal afectó su manera de ejercer el liderazgo que consideraba necesario dentro de la relación y terminó debilitando el vínculo.

El exjugador evitó presentar la ruptura como resultado de una sola conducta. “Los dos fallamos. Yo también tengo muchísima responsabilidad. No estoy diciendo que todo haya sido culpa de ella”, señaló. También describió el divorcio como uno de los golpes emocionales más duros de su vida, aunque afirmó que la experiencia le permitió identificar aspectos de su identidad y de sus necesidades afectivas que antes no reconocía con claridad.

En ese proceso de autocrítica, Hernández expresó que actualmente busca una relación en la que cada integrante asuma un papel que corresponda a sus propias expectativas. “Ahora entiendo que necesito una mujer que quiera ser femenina y yo ser un hombre masculino. Eso es lo que funciona para mí”, comentó. La frase delimita su postura como una preferencia personal, aunque su formulación también ha sido interpretada como una defensa de modelos de pareja basados en una división tradicional de funciones.

La relación con Sarah Kohan: de 2018 a la separación

Hernández y Kohan comenzaron su relación en 2018 y contrajeron matrimonio de manera privada en 2019. Durante su unión tuvieron dos hijos, Noah y Nala. La pareja se separó después de aproximadamente dos años de matrimonio y la relación concluyó en 2021, de acuerdo con los antecedentes recogidos en la conversación pública sobre su historia.

Tras la ruptura, ambos mantuvieron una postura reservada sobre los detalles de su vida familiar. Esa cautela contrastó con la exposición mediática que había acompañado su relación, especialmente por la notoriedad del futbolista y la actividad de Kohan en redes sociales. La decisión de hablar ahora sobre el divorcio corresponde a Hernández y no modifica el hecho de que Kohan no ha ofrecido, en las declaraciones citadas, una versión pública de los motivos de la separación.

Por qué sus palabras provocan discusión

Los conceptos empleados por el exfutbolista forman parte de discursos de autoayuda y de corrientes que suelen referirse a la “polaridad energética” o a la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. En esos enfoques, el liderazgo, la iniciativa y la expresión emocional se distribuyen de acuerdo con identidades de género consideradas complementarias. Para algunas personas, este marco ofrece un lenguaje para definir necesidades y expectativas dentro de una relación.

Desde otras perspectivas, el problema radica en convertir esas categorías en explicaciones generales para conflictos que también pueden estar relacionados con comunicación, acuerdos domésticos, diferencias de personalidad, presión pública o procesos individuales de maduración. La psicología social y la terapia de pareja suelen analizar los roles como construcciones negociadas entre las personas, no como obligaciones determinadas exclusivamente por el sexo o la identidad de género.

Por ello, la declaración de Hernández puede leerse simultáneamente como un ejercicio de autoconocimiento y como una interpretación limitada de las causas de una ruptura. Su reconocimiento de responsabilidad introduce un matiz relevante, pero la atribución de una supuesta falta de feminidad o masculinidad mantiene el debate en términos que muchas personas consideran rígidos y que pueden trasladar problemas complejos a una sola dimensión de la convivencia.

De figura deportiva a comentarista de su propia vida

La entrevista también refleja la transformación de la imagen pública de Hernández. Durante sus años como seleccionado nacional y jugador de clubes internacionales, su comunicación estuvo principalmente administrada por estructuras deportivas y departamentos de prensa. En etapas recientes, su presencia en Twitch, podcasts y otros espacios digitales le ha permitido hablar directamente sobre emociones, salud mental, relaciones y desarrollo personal.

Esta mayor apertura ha ampliado el interés sobre su vida fuera de las canchas, pero también ha aumentado el escrutinio sobre sus opiniones. Algunas de sus intervenciones han sido calificadas por críticos como machistas o misóginas, mientras que sus seguidores las consideran parte de un proceso de reflexión personal. La controversia actual no se limita al divorcio: muestra cómo un deportista reconocido puede convertirse en una figura de opinión cuyas experiencias privadas adquieren relevancia pública en cuanto son difundidas por plataformas digitales.

Hernández presentó su separación como una experiencia de aprendizaje y como el punto de partida para redefinir la forma en que entiende la pareja y su propia identidad. Sus declaraciones ofrecen su versión de los hechos, pero no constituyen una explicación completa de una relación en la que participaron dos personas y una familia. La discusión que provocaron confirma que, en el entorno mediático actual, las reflexiones personales de las celebridades pueden abrir conversaciones sobre género y responsabilidad, aunque también requieren distinguir entre una preferencia individual y una regla aplicable a todas las relaciones.

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