El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado advirtió que el gobierno federal debe actuar con mayor determinación para mejorar las condiciones que favorezcan la inversión productiva, ante el aumento de la incertidumbre derivada de las políticas comerciales de Estados Unidos, la falta de renovación del T-MEC y el debilitamiento de varios indicadores macroeconómicos clave.
El organismo señaló que la economía mexicana no muestra señales claras de un repunte sostenido en el corto plazo. Esta apreciación se basa tanto en la evolución reciente del producto interno bruto como en las proyecciones que los propios especialistas del sector privado han ajustado a la baja durante los últimos meses.
Proyecciones ajustadas a la baja
Según la encuesta de expectativas del Banco de México correspondiente a junio, el pronóstico promedio de crecimiento del PIB para 2026 se redujo a 1.07 por ciento, 0.2 puntos porcentuales menos que en la medición anterior. Para 2027 la estimación pasó de 1.78 a 1.76 por ciento. El promedio de crecimiento esperado para los próximos diez años se ubica en 1.92 por ciento, cifra inferior al promedio histórico de 2.0 por ciento registrado en las últimas tres décadas.

Estas revisiones a la baja reflejan una percepción generalizada de que los factores que impulsaron el crecimiento en años previos han perdido fuerza. La cautela empresarial se mantiene elevada: 65 por ciento de los especialistas consultados considera que la economía actual está peor que hace un año, mientras que 76 por ciento prevé que el clima de negocios en los próximos seis meses permanecerá igual o empeorará.
Empleo e inflación bajo presión
El débil crecimiento proyectado tiene consecuencias directas sobre el mercado laboral. El CEESP estima que al cierre de 2026 apenas se habrán creado 294 mil empleos formales, cifra que mejoraría modestamente a 374 mil en 2027. Estas cantidades resultan insuficientes para absorber el incremento de la fuerza laboral y para reducir la informalidad de manera significativa.
En materia de precios, la inflación general y la subyacente muestran una moderación gradual, aunque ambos indicadores se mantienen por encima de la meta del Banco de México. El pronóstico promedio de los especialistas sitúa la inflación general en 4.21 por ciento y la subyacente en 4.17 por ciento al finalizar 2026, ambos fuera del rango objetivo de 3 por ciento más o menos un punto porcentual.
Factores externos e internos
Además de las variables internas, el organismo destaca la influencia de decisiones externas. La ausencia de una renovación del T-MEC por un periodo adicional de 16 años introduce un elemento de incertidumbre que afecta las cadenas de suministro y las decisiones de inversión de mediano plazo. A ello se suma la percepción de inseguridad pública, que sigue siendo mencionada por los especialistas como un obstáculo relevante para la actividad productiva.
Cincuenta y tres por ciento de los encuestados considera que el momento actual no es propicio para invertir. Esta proporción, aunque ha mostrado cierta mejora respecto a periodos anteriores, sigue reflejando una actitud predominantemente cautelosa por parte del sector empresarial.
Necesidad de acciones concretas
El CEESP concluye que las autoridades mexicanas deben redoblar esfuerzos para mitigar el impacto negativo de estos factores. El fortalecimiento del ambiente de negocios, entendido como la combinación de reglas claras, certidumbre jurídica y condiciones que faciliten la inversión productiva, aparece como la vía más directa para contrarrestar el efecto de las políticas comerciales estadounidenses y el menor dinamismo interno.
El análisis del organismo no se limita a señalar problemas, sino que subraya que la persistencia de un crecimiento inferior al potencial histórico reduce la capacidad de la economía para generar empleos de calidad y mantener la inflación dentro de rangos compatibles con la estabilidad macroeconómica. Por ello, las acciones orientadas a mejorar la confianza empresarial adquieren carácter prioritario en el corto y mediano plazo.
