El Gobierno de la Ciudad de México recibió el pago superior al millón de pesos que la FIFA realizó por el uso del Castillo de Chapultepec durante su cena de gala previa al Mundial 2026. Ninguna porción de ese monto ingresó a las arcas del INAH, a pesar de que el inmueble es propiedad federal y está bajo resguardo del instituto.

Esta decisión revela un mecanismo administrativo poco transparente: aunque el recinto pertenece a la Federación, el Gobierno capitalino gestionó directamente el cobro. El hecho plantea interrogantes sobre la distribución real de ingresos por el uso de patrimonio nacional y sobre posibles acuerdos interinstitucionales que no se hicieron públicos.
Riesgos para la preservación
Cuando los recursos generados por sitios federales quedan exclusivamente en manos locales, se debilita la capacidad del INAH para financiar mantenimiento y restauración. El Castillo de Chapultepec requiere intervenciones constantes debido a su valor histórico y al alto flujo de visitantes; la ausencia de estos fondos podría acelerar el deterioro de áreas que ya presentan problemas estructurales.
Coordinación pendiente
El caso expone la necesidad de establecer protocolos claros entre dependencias federales y locales antes de autorizar eventos de alto perfil. Sin reglas precisas sobre el destino de los pagos, se corre el riesgo de que decisiones similares se repitan en otros monumentos, afectando tanto la conservación como la percepción de equidad en el manejo del patrimonio cultural del país.
