El retiro de visas estadounidenses a operadores de carga mexicanos provocó bloqueos en la garita comercial de Mexicali, Baja California, uno de los puntos de intercambio fronterizo con Calexico, California. La protesta fue impulsada por choferes que exigen una explicación precisa sobre las razones de las cancelaciones, las actividades permitidas con una visa B1 y los mecanismos para defenderse ante decisiones que, aseguran, ponen en riesgo su empleo.
De acuerdo con testimonios recogidos por Quadratin, el 2 de septiembre fueron retiradas al menos 17 visas B1 a conductores de Mexicali, aunque los propios transportistas advierten que la cifra total de afectados todavía no está plenamente definida. La falta de información oficial sobre los expedientes individuales ha ampliado la incertidumbre entre los operadores que cruzan mercancías de manera regular hacia Estados Unidos.
Una protesta centrada en las reglas del cruce comercial
Allen Verdugo, chofer mexicano citado por Quadratin, sostuvo que la movilización fue organizada exclusivamente por transportistas y que su objetivo no es introducir una agenda ajena al sector, sino obtener claridad. El reclamo se concentra en una cuestión operativa con consecuencias directas: qué puede hacer un conductor con visa B1 al ingresar a territorio estadounidense y qué conductas pueden ser interpretadas como una infracción.
La visa B1 permite realizar determinadas actividades de negocios, pero no sustituye una autorización laboral. En el transporte transfronterizo, esa distinción adquiere especial relevancia porque los viajes involucran carga, entregas, revisiones y desplazamientos dentro de Estados Unidos. Cuando la interpretación de las autoridades es distinta a la que aplican los operadores o las empresas, el conductor queda expuesto a interrogatorios, retenciones y, eventualmente, a la pérdida del documento migratorio.

El cabotaje, en el centro de los cuestionamientos
Los transportistas denunciaron que han sido detenidos e interrogados al salir de Estados Unidos, particularmente en zonas de revisión de carga. Según sus relatos, las autoridades vinculan esos procedimientos con presuntos casos de cabotaje, es decir, el traslado de mercancías entre dos puntos dentro de un país por una empresa o vehículo extranjero. Esa práctica está restringida en el marco de las operaciones entre México y Estados Unidos.
La controversia no se limita a determinar si existió o no una infracción en casos específicos. Los choferes sostienen que la fiscalización se ha convertido en una campaña de hostigamiento y que incluso se han presentado amenazas relacionadas con posibles retiros de visa a familiares de conductores. Esa acusación requeriría una respuesta institucional de las autoridades estadounidenses, pues no se ha difundido una postura pública que detalle los motivos de cada revocación ni los criterios aplicados.
La visa como condición para conservar el ingreso
Para un operador dedicado al comercio internacional, la visa no es un trámite accesorio: es una condición material para trabajar. Su cancelación puede detener rutas, reducir viajes y afectar la relación con clientes o empresas transportistas. Por ello, el temor a perderla ya está modificando la conducta de algunos choferes, quienes han reducido operaciones o evitan cruces que consideren ambiguos, según los testimonios difundidos.
El efecto se extiende a la economía familiar. Menos cruces significan menos ingresos para conductores que dependen de viajes frecuentes y, al mismo tiempo, incrementan la presión sobre compañías que necesitan mantener entregas en ambos lados de la frontera. En una región donde la actividad industrial y logística depende de cadenas de suministro integradas, cualquier interrupción sostenida en la garita puede traducirse en retrasos, costos adicionales y reprogramaciones para exportadores e importadores.
Un conflicto local con capacidad de expandirse
Los manifestantes reprocharon la falta de respaldo suficiente de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga y de las empresas del sector. Su demanda apunta a una representación más activa: asesoría sobre los límites de operación, acompañamiento en casos de retiro de visa y una interlocución formal con las autoridades competentes. Sin canales claros de defensa, cada conductor enfrenta de forma individual una decisión que puede dejarlo fuera de la actividad transfronteriza.
El escenario podría escalar si no hay acuerdos. Los operadores han advertido que los bloqueos podrían extenderse a los cruces comerciales de San Luis Río Colorado y Tijuana, además de convocar a transportistas del norte del país. La amenaza no implica necesariamente un cierre prolongado, pero revela que el conflicto dejó de ser un conjunto de casos individuales: se ha convertido en una exigencia colectiva de reglas verificables, comunicación institucional y certidumbre para una actividad decisiva en la relación comercial entre México y Estados Unidos.
