Ben-Gvir y la retórica del exterminio

El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, provocó una condena internacional al afirmar que cada noche deberían ser eliminados entre 30 y 40 palestinos. Su declaración no se limitó a combatientes que representaran una amenaza inmediata: sostuvo que en Gaza hay personas que “no merecen vivir” y llegó a negarles la condición humana. La frase constituye un llamado explícito a asesinatos indiscriminados y coloca la deshumanización en el centro del discurso oficial.

Una declaración que compromete al Gobierno

Las reacciones de rechazo surgieron de inmediato en Alemania, otros países europeos y Estados Unidos. Sin embargo, el Gobierno de Benjamin Netanyahu no se deslindó con firmeza de las palabras del ministro. Ese silencio adquiere relevancia política: aunque una declaración individual no prueba por sí sola una política de exterminio, la ausencia de una condena oficial puede interpretarse como tolerancia hacia una estrategia de castigo colectivo y expulsión de la población palestina.

El conflicto se sostiene sobre dos relatos históricos incompatibles. Israel reivindica la antigua promesa bíblica y la persecución sufrida por el pueblo judío, especialmente durante el nazismo. Los palestinos, por su parte, señalan que sus comunidades habitaban y trabajaban esas tierras durante siglos cuando, tras la diáspora provocada por Roma, el territorio quedó fuera del control judío. La creación del Estado de Israel después de la Segunda Guerra Mundial no resolvió esa disputa: trasladó el costo de la tragedia europea a una población que ya vivía en Palestina.

La ofensiva contra Gaza y la retórica de Ben-Gvir muestran que el problema no es únicamente militar. Cuando un funcionario presenta a una población civil como subhumana, elimina el límite moral y jurídico que distingue entre combatientes y no combatientes. Por eso, la declaración exige una respuesta institucional clara, investigaciones independientes y presión internacional. La seguridad de Israel no puede convertirse en justificación para negar la vida, los derechos y la identidad de todo un pueblo.

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