La reducción sostenida de la tasa de participación laboral en Costa Rica, que alcanzó 54,3 % entre marzo y mayo, plantea interrogantes sobre la capacidad del país para sostener su crecimiento económico en el mediano plazo. Esta tendencia, impulsada principalmente por la salida de mujeres de la fuerza de trabajo, no solo refleja un ajuste coyuntural sino que podría modificar la estructura productiva y fiscal de la nación.
El descenso de 1,3 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior implica que 78 000 personas abandonaron el mercado laboral, con un peso desproporcionado de 55 000 mujeres. Esta dinámica afecta directamente la oferta de mano de obra disponible y, por ende, la capacidad de sectores clave para expandir su producción sin recurrir a incrementos salariales que erosionen la competitividad.

Efectos sobre el crecimiento económico y la productividad
Una menor participación laboral reduce el potencial de expansión del producto interno bruto. Históricamente, Costa Rica ha dependido de una fuerza de trabajo creciente para sostener tasas de crecimiento superiores al 3 % anual en periodos de estabilidad. Si la tendencia observada desde inicios de 2025 persiste, el país podría enfrentar un escenario de menor dinamismo en la creación de riqueza, especialmente en un contexto donde el comercio y la reparación siguen siendo los principales generadores de empleo con 377 000 ocupados.
El sector de la construcción, que incorporó 34 000 trabajadores adicionales en el último año, podría verse limitado si la disponibilidad de mano de obra masculina, que mantiene una tasa de ocupación cercana al 62 %, no compensa la retirada femenina. Al mismo tiempo, la pérdida de 31 000 empleos en intermediación financiera y seguros señala una contracción en un área de alto valor agregado, lo que añade presión sobre los ingresos fiscales derivados de actividades de mayor productividad.
Consecuencias para la equidad de género y el mercado de trabajo femenino
El retroceso de 1,9 puntos porcentuales en la tasa de participación femenina, hasta 42,5 %, amplifica brechas estructurales que ya existían. Las mujeres representan cerca del 70 % de quienes abandonaron la fuerza laboral, y su tasa de no participación alcanzó el 57,5 %. Este patrón puede traducirse en menor independencia económica, mayor dependencia de transferencias familiares y una reducción en las contribuciones al sistema de pensiones a largo plazo.
Sectores como enseñanza y salud, que emplean a 262 000 personas y concentran una alta proporción de mujeres, podrían experimentar dificultades para cubrir vacantes si la salida de trabajadoras se consolida. Aunque el sector de comunicación y otros servicios incorporó 17 000 mujeres adicionales, este incremento no compensa la tendencia general de retirada y podría reflejar una reasignación hacia empleos de menor formalidad.
Riesgos para la sostenibilidad fiscal y el sistema de seguridad social
Una fuerza de trabajo más reducida implica menos cotizantes al régimen de seguridad social, lo que aumenta la presión sobre las finanzas públicas en un momento en que el envejecimiento poblacional ya representa un desafío. La tasa de ocupación general cayó a 50,7 %, y aunque el desempleo se mantuvo estable en torno al 6,7 %, la combinación de menor participación y leve aumento del subempleo hasta 3,6 % podría derivar en mayor informalidad si las personas que abandonan el mercado no regresan.
El aumento de la tasa de no participación hasta 45,7 % también plantea interrogantes sobre el uso del tiempo liberado. Si parte de esa población se dedica a cuidados no remunerados o formación, podría generarse un beneficio indirecto en términos de capital humano futuro; sin embargo, la ausencia de datos que confirmen esta hipótesis introduce incertidumbre sobre el verdadero impacto en la productividad agregada.
Desafíos sectoriales y perspectivas de recuperación
La distribución del empleo por actividad revela tanto fortalezas como vulnerabilidades. Mientras el comercio mantiene su posición dominante, la agricultura y la construcción siguen dependiendo fuertemente de mano de obra masculina. Cualquier shock adicional que afecte estos sectores, como variaciones en precios internacionales o cambios regulatorios, podría agravar la tendencia descendente de la participación.
Por otro lado, la estabilidad observada en indicadores como el desempleo y el subempleo sugiere que el mercado no ha entrado aún en una fase de deterioro acelerado. No obstante, la falta de variaciones estadísticamente significativas en otros parámetros no descarta que la disminución de la participación sea el primer indicador de un ajuste más profundo que podría manifestarse en los próximos trimestres.
La evolución de la tasa de participación entre 2021 y 2024, que osciló entre 53,2 % y 61 %, demuestra que el indicador es sensible a factores externos. La ausencia de recuperación clara desde el mínimo de 53,9 % registrado en mayo-julio de 2025 indica que las políticas actuales no han logrado revertir la tendencia, lo que obliga a considerar escenarios de estancamiento prolongado o de lenta recuperación condicionados a cambios en incentivos laborales y en la provisión de servicios de cuidado.
