México recibió 440.8 millones de dólares de inversión de capital de riesgo durante el segundo trimestre de 2026 y se mantuvo como el país de América Latina con mayor financiamiento para startups y empresas en crecimiento, de acuerdo con el reporte Venture Pulse Q2 2026 de KPMG. La cifra representó una ligera baja frente al primer trimestre, cuando se registraron 461 millones de dólares, pero confirmó que el mercado mexicano sigue siendo el principal polo regional para el capital emprendedor en un entorno de selección más estricta por parte de los inversionistas.
Ese ajuste no refleja un enfriamiento abrupto, sino un cambio en los criterios de asignación. KPMG explicó que los fondos están privilegiando compañías con modelos de negocio sólidos, propuestas de valor diferenciadas y una ruta clara hacia el crecimiento rentable. En ese contexto, el ecosistema mexicano conserva resiliencia y capacidad de adaptación, mientras sectores como fintech, insurtech, salud digital y soluciones basadas en inteligencia artificial concentran la mayor atención de los inversionistas.

Un mercado más selectivo
Guillermo Goni, socio de Deal Advisory & Strategy de KPMG México, señaló que los resultados muestran una etapa de mayor sofisticación en el mercado, en la que la capacidad de generar valor sostenible pesa más que las expectativas de expansión por sí solas. La lectura coincide con un entorno internacional en el que el acceso al capital no desaparece, pero sí se concentra en un grupo más reducido de compañías capaces de demostrar tracción, disciplina operativa y escalabilidad.
Para México, ese giro tiene implicaciones concretas. En la práctica, las empresas con estructuras financieras más claras y métricas más maduras pueden salir fortalecidas, mientras los proyectos dependientes de narrativa de crecimiento sin validación comercial enfrentan mayores barreras. Esa depuración suele ralentizar el número de operaciones, pero también eleva el estándar del mercado y reduce el apetito por apuestas especulativas.
La inteligencia artificial domina el tablero
A nivel global, el trimestre dejó 227.4 mil millones de dólares invertidos en 8,440 operaciones, lo que llevó el acumulado de la primera mitad de 2026 a 560.4 mil millones de dólares, la cifra más alta de los últimos cinco años, solo por debajo del récord de 2021. Dentro de ese total, la inteligencia artificial siguió marcando el ritmo: durante el segundo trimestre se registraron varias inversiones superiores a 1,000 millones de dólares en empresas vinculadas a esta tecnología.
Además de la IA, sectores como tecnología de defensa, salud digital, biotecnología y fintech también captaron flujos relevantes. El patrón confirma que el capital de riesgo está buscando áreas donde la promesa tecnológica pueda convertirse en ingresos, eficiencia operativa o ventajas competitivas medibles. En paralelo, aumentó la venta de empresas respaldadas por venture capital; aunque el número de operaciones fue reducido, algunas transacciones de gran tamaño podrían devolver liquidez al sistema y alimentar nuevas rondas de inversión.
Perspectivas para la segunda mitad del año
De cara al resto de 2026, KPMG prevé que la inteligencia artificial siga como uno de los principales motores de inversión. El interés se mantendrá en compañías capaces de crecer, optimizar procesos y mostrar resultados tangibles más allá de la promesa tecnológica. En esa lectura, la infraestructura de datos, la automatización y los usos empresariales concretos de la IA tendrán más peso que los proyectos basados solo en expectativas de mercado.
Para México y América Latina, el escenario abre una ventana relevante, pero no automática. La región conserva potencial para atraer capital si sus empresas consiguen demostrar escalabilidad y capacidad de competir en mercados internacionales. Goni sostuvo que la siguiente etapa del capital de riesgo dependerá no solo del avance tecnológico, sino también de la habilidad de las compañías para convertir la innovación en resultados de negocio verificables. En ese mapa, fintech, salud, biotecnología y tecnología de defensa aparecen entre los sectores con mejores perspectivas, impulsados por necesidades estructurales, cambios regulatorios y un contexto internacional que sigue reordenando prioridades de inversión.
