Las exportaciones muebleras de Jalisco están atravesando una presión doble que ya se refleja en cifras concretas: una caída de entre 8 y 10% atribuida a los aranceles impuestos por Estados Unidos y al fortalecimiento del peso frente al dólar. El dato, confirmado por Roberto Quiñones, coordinador del Comité de Exposiciones de AFAMJAL, no describe un tropiezo coyuntural menor, sino una pérdida de competitividad que obliga a revisar la forma en que el sector vende, compra insumos y protege márgenes en un entorno comercial cada vez más exigente.
La lectura más inmediata es que el castigo arancelario no opera solo en la frontera; se transmite a toda la cadena productiva. Cuando el costo de entrada al mercado estadounidense sube y, al mismo tiempo, el tipo de cambio resta peso a cada dólar exportado, la empresa queda atrapada entre menores ingresos y costos internos que no descienden al mismo ritmo. En ese contexto, la estrategia de “aguantar” ha sido la dominante: varias firmas han absorbido incrementos en insumos para no perder espacio comercial. Esa decisión contiene el golpe en el corto plazo, pero traslada la presión al balance y reduce capacidad de inversión, innovación y contratación.

Hay un punto que conviene subrayar y que suele perderse en el debate arancelario: el problema no es solo exportar menos, sino exportar con una estructura de costos menos flexible. Si el fabricante compite con márgenes estrechos, cualquier aumento en madera, herrajes, logística o financiamiento obliga a elegir entre dos salidas igualmente incómodas: trasladar precios y arriesgar ventas, o absorber el impacto y erosionar rentabilidad. En industrias como la del mueble, donde el diseño y el precio pesan de manera simultánea, la pérdida de margen puede tardar meses en notarse, pero sus efectos son acumulativos.
La feria como termómetro económico
La inauguración de Expo Mueble Internacional y Tecno Mueble ofrece una fotografía útil del momento que vive el sector. AFAMJAL estima que estas dos ferias concentran 70% de las ventas anuales de los fabricantes muebleros, una proporción que revela tanto su relevancia comercial como la fragilidad de buena parte de la industria: una parte decisiva del negocio depende de pocas ventanas de comercialización. Con más de 50,000 visitantes especializados, 550 expositores en Expo Mueble y 200 en Tecno Mueble, la edición 35 no solo funciona como escaparate, sino como mecanismo de liquidez para cientos de empresas que necesitan cerrar pedidos, renovar contactos y asegurar flujo de caja.
La derrama económica proyectada en 1,500 millones de pesos confirma que el evento rebasa el ámbito sectorial. Jalisco convierte esta feria en una plataforma de turismo de negocios, transporte, alojamiento y servicios complementarios. Esa dimensión importa porque muestra que el deterioro exportador no golpea únicamente a los fabricantes: también afecta a una red de actividades que dependen de la salud comercial del mueble jalisciense. Si la industria se contrae, el impacto se dispersa en empleo temporal, ocupación hotelera y compras de proveedores locales.
Un segundo ángulo merece atención: las ferias ya no pueden leerse solo como celebraciones del sector, sino como espacios de defensa industrial. En una coyuntura de proteccionismo comercial, el encuentro presencial vuelve a ser una herramienta para recomponer relaciones, acelerar decisiones de compra y buscar clientes que compensen la debilidad de ciertos mercados. La concentración de ventas en estos eventos indica que la industria sigue siendo intensiva en contacto directo y que todavía no ha resuelto plenamente la diversificación de canales, sobre todo en comercio digital y exportación de nicho.
Competir con Estados Unidos y con China al mismo tiempo
La frase de Quiñones sobre la política arancelaria resume una paradoja relevante: el castigo de Washington también puede abrir espacio a productores locales frente a mercancía extranjera más gravada, especialmente la china. Esa lectura, sin embargo, no debe idealizarse. Que un competidor enfrente impuestos más altos no significa que la industria jalisciense gane automáticamente mercado. Para aprovechar esa ventana se requiere capacidad productiva, estabilidad de costos, cumplimiento normativo y tiempos de entrega confiables. Sin esas condiciones, el beneficio arancelario se diluye antes de llegar al cliente final.
Ahí aparece el tercer punto crítico: la oportunidad competitiva existe, pero está condicionada por el combate al comercio desleal. Pablo Lemus anunció que pedirá a Hacienda y Economía reforzar operativos para frenar muebles importados que se venden como nacionales. La medida es pertinente porque la competencia desleal distorsiona precios, engaña al consumidor y castiga al productor formal. Si el mercado tolera piezas importadas reetiquetadas como mexicanas, el incentivo para invertir en calidad y formalidad se debilita. La industria local no compite entonces solo contra el exterior, sino contra una zona gris que premia la simulación.
El dato de empleo también ayuda a dimensionar el riesgo social. AFAMJAL reporta más de 25,000 empleos en la industria mueblera de Jalisco. No se trata de una base laboral marginal: es un ecosistema de carpintería industrial, diseño, logística, acabado y comercialización que sostiene ingresos en múltiples municipios. Cuando la exportación cae 8 o 10%, el impacto no se reparte de manera abstracta; se traduce en menos horas extra, decisiones más conservadoras de contratación y menor disposición a expandir plantas o modernizar equipo.
La disputa de fondo, por tanto, no es solo comercial sino productiva. Una parte de los industriales apuesta por resistir el ajuste sin subir demasiado precios; otra podría verse forzada a rediseñar su mezcla de mercados, buscar clientes con menor sensibilidad al tipo de cambio y apostar por segmentos de mayor valor agregado. Esa transición no es sencilla ni inmediata, pero se vuelve más probable cuando la presión externa deja de ser episódica y se convierte en norma. El escenario que hoy enfrenta el mueble jalisciense sugiere precisamente eso: una normalización de la incertidumbre.
En los próximos meses, el desempeño del sector dependerá de tres variables. La primera es si las autoridades mexicanas consiguen frenar la importación irregular y ordenar la competencia interna. La segunda es la capacidad de las empresas para convertir la feria en pedidos efectivos y no solo en vitrinas comerciales. La tercera, quizá la más decisiva, es el tipo de respuesta que dé Estados Unidos a su propia agenda arancelaria: si el endurecimiento persiste, la industria mexicana tendrá que vivir con un mercado más volátil y con una clientela más sensible al precio.
El riesgo principal no está en una caída aislada de exportaciones, sino en que la erosión de márgenes se vuelva estructural. Cuando eso ocurre, la empresa deja de invertir, el empleo se vuelve más precario y el liderazgo regional se desgasta. Jalisco conserva una base industrial relevante y una plataforma ferial de peso continental, pero ambas fortalezas necesitan algo más que resistencia: requieren disciplina comercial, vigilancia efectiva y una estrategia exportadora menos dependiente de condiciones cambiarias o de decisiones ajenas a la región.
