La decisión de Arabia Saudita de estudiar el sistema de seguridad de Monterrey no surge de manera aislada. Desde que la FIFA confirmó que el país organizará el Mundial de Fútbol 2034, las autoridades saudíes han acelerado la revisión de modelos internacionales que permitan gestionar grandes concentraciones de personas sin comprometer el orden público. Monterrey, con su Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo (C4), representa un caso concreto de integración tecnológica aplicada a la prevención del delito y al flujo ordenado de visitantes, algo que resulta especialmente relevante para un reino que aún registra altos índices de accidentes viales y que comparte fronteras con zonas de inestabilidad regional.
Orígenes del interés saudí por la experiencia mexicana
El viaje de la delegación de la Autoridad de Desarrollo de la Región de Aseer (ASDA) responde a una estrategia más amplia de diversificación de fuentes de conocimiento. Aunque Arabia Saudita presume de bajos niveles de criminalidad común, los responsables de la seguridad del evento han identificado que los principales riesgos durante un Mundial provienen del tráfico masivo de personas, la movilidad urbana y la coordinación entre distintas agencias. Monterrey demostró durante eventos masivos recientes que un sistema de 7 mil cámaras conectadas por 1 595 kilómetros de fibra óptica, sumado a 85 tótem y 510 chats vecinales, permite respuesta en tiempo real. Esta capacidad de vigilancia y análisis de datos es lo que los visitantes saudíes manifestaron interés en replicar, no solo para el torneo, sino como parte de la modernización de sus propias ciudades.

El uso de drones y videovigilancia en Monterrey llamó especialmente la atención porque combina prevención delictiva con gestión de multitudes. Durante la visita al C4, el comisario Eduardo Sánchez Quiroz explicó cómo estos recursos se integran dentro de la Estrategia de Seguridad para el Cuidado del Orden. Los representantes de Aseer observaron que la misma infraestructura puede aplicarse tanto a la contención de incidentes violentos como a la dirección ordenada del tráfico en días de alta afluencia turística, un desafío que Arabia Saudita enfrentará en 2034 cuando se espera la llegada de cientos de miles de aficionados.
Transferencia tecnológica y adaptación local
La replicación de este modelo no será una copia literal. Arabia Saudita cuenta con recursos financieros superiores, pero enfrenta limitaciones distintas: menor densidad urbana en varias sedes y una cultura de uso de datos aún en desarrollo. Sin embargo, la lógica central del sistema de Monterrey —centralización de información, monitoreo constante y canales directos con la ciudadanía— puede adaptarse a las condiciones del Golfo. La experiencia de otras ciudades que han importado centros de comando similares, como Río de Janeiro antes del Mundial 2014 o Doha durante el Mundial 2022, muestra que el éxito depende menos de la cantidad de cámaras y más de la capacidad de analizar datos en tiempo real y coordinar respuestas interinstitucionales.
El impacto inmediato se reflejará en la planeación de la movilidad. Monterrey ha demostrado que un C4 bien operado reduce tiempos de respuesta policial y permite desviar flujos vehiculares antes de que se conviertan en cuellos de botella. Si Arabia Saudita logra implementar un esquema semejante en Riad, Jeddah y las sedes de Aseer, el riesgo de congestión durante los partidos disminuiría notablemente. A largo plazo, esta infraestructura podría permanecer como legado y convertirse en herramienta permanente para la gestión urbana, similar a cómo el sistema de Monterrey sigue operando después de los eventos que motivaron su expansión.
Efectos en la cooperación internacional y la imagen regional
Más allá de la logística del torneo, el acercamiento entre Monterrey y Arabia Saudita señala un cambio en los patrones de intercambio de conocimiento en materia de seguridad. Tradicionalmente, los países del Golfo han buscado asesoría en Europa o Estados Unidos. La elección de un modelo latinoamericano indica que las soluciones probadas en contextos de recursos medios y alta densidad poblacional resultan atractivas para naciones que buscan eficiencia sin depender exclusivamente de proveedores occidentales. Esta diversificación puede fortalecer la posición de México como exportador de experiencias en seguridad urbana, especialmente si los resultados en Arabia Saudita resultan positivos.
Desde la perspectiva social, la adopción de programas como “Escudo” y los chats vecinales plantea preguntas sobre el equilibrio entre vigilancia y privacidad. Monterrey ha mantenido estos mecanismos con relativo éxito gracias a la participación ciudadana activa. En Arabia Saudita, donde la relación entre Estado y sociedad sigue patrones distintos, la misma tecnología podría interpretarse de forma diferente. El reto consistirá en adaptar los componentes de participación comunitaria sin generar resistencias culturales que limiten la efectividad del sistema.
Consecuencias a largo plazo para el desarrollo urbano saudí
Si la estrategia se implementa con éxito, el Mundial 2034 podría acelerar la transformación digital de varias ciudades saudíes. La infraestructura de fibra óptica y centros de comando que se construya para el evento quedaría disponible para usos posteriores, desde la gestión de emergencias hasta la planeación del transporte público. Este tipo de legado tecnológico ha demostrado en otras sedes mundialistas que puede reducir costos operativos a futuro y mejorar la calidad de vida de los residentes, siempre que se mantenga una política sostenida de mantenimiento y actualización.
El interés de la región de Aseer, en particular, sugiere que el conocimiento adquirido no se limitará a las grandes urbes. Aseer presenta características geográficas y demográficas que guardan mayor semejanza con algunas zonas de México que con Riad. La posibilidad de que este modelo se extienda a territorios menos densos abre la puerta a una estrategia nacional más equilibrada, donde la seguridad y la movilidad se aborden de manera diferenciada según el contexto local. En ese sentido, la visita de la delegación saudí a Monterrey podría marcar el inicio de una relación técnica más amplia entre ambas regiones, con implicaciones que trascienden el torneo de 2034.
