AFAC endurece reglas para conservar slots aeroportuarios

CIUDAD DE MÉXICO. La Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) endureció las condiciones para asignar, utilizar y conservar los horarios de aterrizaje y despegue en los aeropuertos saturados del país, incluido el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Las disposiciones, publicadas en el Diario Oficial de la Federación (DOF), entraron en vigor el 14 de agosto y contemplan que las aerolíneas, tanto nacionales como extranjeras, puedan perder las franjas horarias o slots que no utilicen conforme a las reglas.

La reforma llega después del periodo mundialista y en un contexto de presión creciente sobre la infraestructura aeroportuaria. En terminales donde la demanda de vuelos rebasa o se aproxima a la capacidad disponible, la administración de los horarios se ha convertido en un mecanismo central para ordenar las operaciones, reducir conflictos entre compañías y aprovechar con mayor eficiencia las pistas, plataformas y posiciones de contacto.

Una condición más estricta para conservar horarios

El objetivo formal de las nuevas medidas es “lograr un mejor aprovechamiento de la infraestructura” y maximizar los beneficios para el mayor número posible de usuarios, sin comprometer la seguridad operacional ni la continuidad de los vuelos. Para ello, las aerolíneas deberán utilizar al menos 80% de los horarios que les hayan sido asignados durante una temporada si pretenden conservarlos en la siguiente.

El porcentaje introduce un criterio de uso que puede modificar la manera en que las compañías planifican sus itinerarios. Un horario reservado pero utilizado de forma insuficiente dejará de funcionar como un activo prácticamente permanente y quedará sujeto a revisión. La medida busca evitar que una empresa mantenga franjas que no explota, mientras otras compañías enfrentan dificultades para obtener espacios en aeropuertos con capacidad limitada.

Sin embargo, el cumplimiento de ese umbral dependerá también de las causas que afecten la operación. Las disposiciones mencionan la creación de mecanismos para identificar las razones de las demoras y cancelaciones, un elemento relevante para distinguir entre el incumplimiento atribuible a una aerolínea y los problemas originados por factores externos, como restricciones operativas o interrupciones en la infraestructura.

Más información pública sobre la capacidad

Entre los cambios principales se encuentra la creación de un coordinador de horarios y de un portal digital destinado a concentrar y publicar información sobre la operación de cada aeropuerto. La persona administradora aeroportuaria deberá difundir periódicamente la lista vigente de los horarios asignados y la cantidad de franjas todavía disponibles para ser otorgadas durante la temporada correspondiente.

El DOF establece que esa información deberá actualizarse de manera oportuna en el sitio web habilitado por la concesionaria aeroportuaria respectiva. La obligación pretende dar mayor visibilidad al proceso de asignación y permitir que las aerolíneas conozcan qué espacios pueden solicitar, en lugar de depender exclusivamente de intercambios o gestiones poco transparentes entre operadores y administradores.

La publicación sistemática de los datos también puede facilitar la supervisión de la autoridad y la comparación entre la capacidad declarada y la utilización real. No obstante, el efecto práctico dependerá de que el portal mantenga información completa, actualizada y suficientemente detallada para distinguir horarios asignados, utilizados, liberados y disponibles.

Un subcomité para explicar las demoras

Las nuevas reglas ordenan además establecer un subcomité de demoras en cada aeropuerto sujeto al esquema. Su función será determinar las causas de los retrasos o de las cancelaciones de aterrizajes y despegues de aeronaves. La medida incorpora una instancia específica para analizar problemas que con frecuencia involucran a varios participantes de la cadena operativa.

Un retraso puede originarse en la aerolínea, en la disponibilidad de una aeronave o de la tripulación, en la saturación de pistas, en los servicios de navegación, en la atención en tierra o en condiciones meteorológicas. Por esa razón, identificar la causa concreta resulta importante no sólo para las estadísticas, sino también para establecer responsabilidades y evaluar si una operación debe contabilizarse dentro del cumplimiento mínimo exigido.

La normativa prevé asimismo la presentación de informes públicos sobre las causas de las demoras de los vuelos en el país. Estos reportes podrían aportar una referencia más precisa sobre el desempeño de los aeropuertos y las aerolíneas, aunque su utilidad dependerá de que empleen criterios homogéneos y permitan separar los retrasos controlables de aquellos provocados por circunstancias extraordinarias.

El reto de aplicar las reglas en aeropuertos saturados

El AICM es uno de los principales escenarios para la aplicación de estas disposiciones debido a la presión sobre sus operaciones y a la limitada disponibilidad de nuevos espacios en determinadas franjas del día. En ese tipo de terminales, una reasignación de horarios puede beneficiar a operadores que buscan crecer, pero también puede obligar a las compañías establecidas a ajustar frecuencias, modificar itinerarios o trasladar parte de sus vuelos a otros aeropuertos.

El impacto para los pasajeros no será necesariamente inmediato ni uniforme. Una administración más rigurosa de los slots podría contribuir a reducir la concentración de vuelos en periodos críticos y mejorar la coordinación operativa. Al mismo tiempo, si una aerolínea pierde horarios y no existen alternativas suficientes, podrían producirse cambios en frecuencias o rutas. El resultado dependerá de la capacidad de la autoridad para aplicar las reglas con criterios verificables y de la disponibilidad real de infraestructura.

Con la entrada en vigor del nuevo marco, la AFAC coloca el uso efectivo de los horarios, la transparencia de su asignación y la explicación pública de las demoras en el centro de la gestión aeroportuaria. El desafío será convertir esas obligaciones formales en información confiable y decisiones consistentes, especialmente en las terminales donde la demanda continúa presionando los límites de capacidad.

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