La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo subrayó este jueves que la ampliación del Puerto de Progreso se ha consolidado como una obra estratégica para Yucatán, al tratarse de un proyecto construido con la coordinación entre el Gobierno de México, la administración estatal de Joaquín Díaz Mena y capital privado. Desde Palacio Nacional, durante la Mañanera del Pueblo, la mandataria recordó que la propuesta fue presentada por Díaz Mena desde su campaña como uno de los ejes del Renacimiento Maya y que, desde entonces, recibió el respaldo federal.
“Uno de los proyectos que Joaquín Díaz Mena planteó desde su campaña, como el Renacimiento Maya, entre otras cosas, fue ampliar el puerto de Progreso y nosotros estuvimos de acuerdo desde entonces y se está haciendo”, dijo Sheinbaum. La referencia no es menor: coloca la obra dentro de una agenda de infraestructura que busca articular desarrollo portuario, conectividad ferroviaria y logística regional en el sureste, una zona donde la brecha de competitividad ha sido histórica frente a otros corredores del país.

El proyecto implica una inversión integral de 12 mil 225 millones de pesos. De ese total, el Gobierno de Yucatán ya destinó mil 630 millones al dragado del canal de navegación, una fase técnica indispensable para habilitar el tránsito de embarcaciones de mayor calado. A su vez, SSA Marine México aporta 948 millones de pesos de inversión privada para ampliar la terminal de cruceros y su frente de atraque, lo que abre la puerta a una mayor capacidad para el turismo marítimo y las operaciones comerciales vinculadas al puerto.
La obra también contempla dos nuevas plataformas de 40 hectáreas, con las que la superficie operativa del puerto pasará de 34 a 114 hectáreas. En términos prácticos, ese salto amplía la posibilidad de mover más carga, recibir barcos de mayor tamaño y sostener operaciones logísticas de mayor escala. La expansión no sólo modifica la infraestructura física, sino el papel del puerto en la cadena de abastecimiento de la región, donde hoy convergen intereses industriales, turísticos y comerciales.
Sheinbaum enmarcó esta modernización en la futura operación del Tren Maya de carga, cuya inversión federal asciende a 25 mil millones de pesos. Esa conexión enlazará Progreso con la red ferroviaria nacional y con el Corredor Interoceánico, una combinación que el gobierno federal presenta como palanca para reducir costos de transporte y mejorar la movilidad de mercancías. El planteamiento apunta a corregir uno de los principales obstáculos logísticos del sureste: la dispersión entre puertos, vías férreas y centros de producción.
La apuesta tiene un componente político y otro económico. En lo político, el gobierno federal respalda un proyecto promovido por la administración yucateca y lo integra a su narrativa de desarrollo territorial. En lo económico, la viabilidad dependerá de que la ampliación portuaria y la infraestructura ferroviaria avancen al mismo ritmo, porque la utilidad de un puerto ampliado se reduce si la salida terrestre sigue limitada. Por ahora, la obra se perfila como una de las intervenciones más relevantes para reposicionar a Progreso dentro del mapa logístico del país.
