Las consultoras coinciden en que la inflación de junio se ubicó entre 1,8 % y 1,9 %, consolidando la desaceleración iniciada tras el 2,1 % de mayo. Sin embargo, el salto del dólar mayorista a 1.488,50 pesos y la evolución de los precios de los combustibles introducen incertidumbre sobre si esa tendencia podrá sostenerse en julio. El debate central no radica tanto en la magnitud del movimiento cambiario —todavía por debajo de la inflación acumulada del semestre— como en el mecanismo de transmisión a través de los precios regulados y la cadena de costos energéticos.
El análisis de los datos semanales revela señales mixtas. LCG reportó inflación cero en alimentos durante dos semanas consecutivas, mientras Analytica detectó un repunte de 0,7 % en la primera semana de julio frente al 0,3 % de la semana previa. Claudio Caprarulo atribuye este movimiento principalmente a factores estacionales de verduras, pero advierte que el traslado del tipo de cambio aparecerá más temprano que tarde, aunque el bajo dinamismo del mercado interno podría moderarlo.
El pass-through y las expectativas ancladas
Lucio Garay Méndez, de Eco Go, sostiene que la corrección del dólar acompaña la inflación acumulada y el comportamiento de otras monedas emergentes, sin evidencia de desanclaje de expectativas que justifique un pass-through elevado. Esta lectura implica que la transmisión dependerá más de la política de precios internos que del mero movimiento cambiario. No obstante, los alimentos con alta sensibilidad al tipo de cambio y la evolución de los combustibles siguen siendo los canales más directos de impacto.
Un punto original surge al observar que la depreciación del peso no responde a un deterioro específico argentino, sino al fortalecimiento global del dólar frente a monedas emergentes, según explicó Felipe Núñez del BICE. Esta distinción reduce la probabilidad de una espiral inflacionaria autónoma, pero aumenta la relevancia de las decisiones locales sobre precios regulados.

El precio de los combustibles como variable clave
Tanto Caprarulo como Garay Méndez coinciden en que el comportamiento de los combustibles determinará en gran medida el índice de julio. El Brent regresó a cerca de 70 dólares tras el fin del conflicto en Oriente Medio, pero YPF y el resto de las petroleras no ajustarán los precios locales de inmediato. El “buffer” implementado desde abril —que fijó el precio interno con un Brent de referencia de 90 dólares— generó pérdidas que ahora se busca recuperar, especialmente tras el pico de 118 dólares durante el conflicto.
La suba reciente del dólar y el incremento del impuesto de suma fija complican la ecuación. La consultora 1816 estima que la nafta debería bajar alrededor de 16 % para alinearse con los precios internacionales previos a la guerra, lo que generaría un impacto directo de 0,65 puntos porcentuales en el IPC, sin contar efectos indirectos sobre transporte y logística. Esta cifra ilustra cómo una decisión de YPF puede modificar sustancialmente la trayectoria de desaceleración.
Perspectivas de los distintos actores y tensiones
El sector petrolero prioriza la recuperación de márgenes tras el período de precios fijos, mientras el Gobierno busca preservar la desaceleración inflacionaria. Los consumidores enfrentan la posibilidad de que la baja esperada en naftas se postergue o incluso se revierta parcialmente. Los analistas privados, por su parte, monitorean si el bajo dinamismo del mercado interno limitará el traslado a precios finales o si la indexación implícita en ciertos contratos terminará amplificando el efecto.
Una tensión adicional proviene de la política impositiva: el impuesto de suma fija sigue presionando al alza independientemente del precio internacional del crudo. Esta rigidez reduce el margen de maniobra de las petroleras para absorber la depreciación del peso y aumenta la probabilidad de que cualquier ajuste se traslade al surtidor.
Escenarios futuros y riesgos latentes
Si el Brent se mantiene en torno a 70 dólares y el dólar mayorista no experimenta nuevos saltos, un ajuste gradual de los precios de combustibles podría restar entre 0,5 y 0,7 puntos al IPC de julio. Sin embargo, persiste el riesgo de que la recuperación de márgenes por parte de YPF se concrete de forma más rápida de lo esperado, neutralizando parte del efecto desinflacionario. Otro riesgo radica en la posible aceleración de precios de alimentos con alta componente importada o dolarizada si el tipo de cambio se mantiene elevado por más tiempo.
El dato de inflación de la Ciudad de Buenos Aires que se conocerá el miércoles próximo y el índice nacional del 14 de julio ofrecerán las primeras evidencias concretas. La velocidad de la desaceleración dependerá en buena medida de si el Gobierno logra coordinar con las petroleras un ajuste ordenado de los combustibles o si la presión fiscal y cambiaria termina imponiendo un sendero más elevado de precios internos.
