Entre enero y mayo de 2026 el gasto público federal alcanzó 3 billones 973 mil 596 millones de pesos, lo que representa un incremento anual de 2.3 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Este aumento ocurre en el segundo año de la administración de Claudia Sheinbaum, cuando el gobierno busca reducir el déficit fiscal tras el nivel histórico registrado en 2024. Sin embargo, las cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público revelan también un subejercicio de 417 mil 814 millones de pesos frente al presupuesto autorizado para el periodo.
El Informe de Finanzas Públicas y Deuda Pública correspondiente a mayo muestra que el gasto se orientó principalmente a programas de bienestar y servicios básicos. La propia dependencia destacó que los recursos continuaron destinados a “garantizar derechos y fortalecer el bienestar de la población”. No obstante, el hecho de que se haya gastado menos de lo programado plantea interrogantes sobre la capacidad de ejecución de las dependencias y sobre el ritmo real de la consolidación fiscal prometida.
Incremento del déficit y requerimientos financieros
Los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) sumaron 527 mil 610 millones de pesos en los primeros cinco meses, un aumento de 42 por ciento frente al mismo lapso de 2025. Este resultado contrasta con la meta de reducir el déficit de 4.8 a 4.1 por ciento del PIB durante el presente ejercicio. Analistas han señalado que alcanzar esa meta podría resultar difícil, dado que el gobierno heredó un déficit de 5.7 por ciento del PIB al cierre de la administración anterior, impulsado por el financiamiento de obras emblemáticas.
La Secretaría de Hacienda subrayó que el déficit presupuestario quedó 266 mil millones de pesos por debajo de lo previsto y que el balance primario registró un superávit de 15 mil millones de pesos. Estas cifras, según la dependencia, reflejan una gestión fiscal responsable. Sin embargo, el aumento interanual de los RFSP indica que la presión sobre las finanzas públicas sigue siendo elevada y que la reducción del déficit no avanza al ritmo esperado.

Composición del gasto programable y no programable
El gasto programable, destinado a proveer servicios y garantizar derechos, ascendió a 2.8 billones de pesos, con un crecimiento real de 4.3 por ciento anual. Dentro de este rubro, el gasto del gobierno federal creció 6.8 por ciento, mientras que el correspondiente a organismos de control directo como IMSS e ISSSTE aumentó 11.1 por ciento. En contraste, el gasto de las empresas públicas productivas del Estado, Pemex y CFE, registró una caída de 20.1 por ciento.
El gasto no programable, excluyendo el costo financiero de la deuda, llegó a 693 mil 742 millones de pesos, 2.8 por ciento más que un año antes. Las participaciones a estados y municipios disminuyeron 3 por ciento real anual, consecuencia directa de la menor recaudación federal participable. Esta reducción afecta directamente las finanzas de los gobiernos locales y podría limitar su capacidad de respuesta en servicios básicos.
Evolución del costo financiero y nivel de deuda
El servicio de la deuda sumó 433 mil 775 millones de pesos, 9.6 por ciento menos que en el mismo periodo de 2025. La Secretaría de Hacienda atribuyó este resultado a una estrategia de refinanciamiento que mejoró el perfil de vencimientos y generó ahorros en un contexto de volatilidad internacional. Además, la apreciación del tipo de cambio redujo el valor de los pasivos en moneda extranjera, situando el costo financiero 86 mil millones de pesos por debajo de lo programado.
El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público alcanzó 18.5 billones de pesos, un incremento de 2.7 por ciento anual. Medido como proporción del PIB, este saldo representa 50.6 por ciento, nivel que Hacienda considera moderado en comparación con otras economías emergentes. Esta métrica ofrece un margen relativo de maniobra, aunque el crecimiento sostenido de la deuda exige vigilancia constante para evitar presiones futuras sobre el presupuesto.
Retos de la consolidación fiscal en el mediano plazo
El gobierno de Sheinbaum enfrenta el desafío de mantener el equilibrio entre el gasto social y la disciplina fiscal. El subejercicio observado hasta mayo sugiere que algunas dependencias aún no logran ejecutar los recursos autorizados con la velocidad requerida. Al mismo tiempo, el aumento de 42 por ciento en los RFSP indica que la meta de reducción del déficit enfrenta obstáculos estructurales heredados del sexenio anterior.
La combinación de menor costo financiero de la deuda y un nivel de endeudamiento todavía contenido ofrece un margen para continuar con programas prioritarios. No obstante, la evolución de los ingresos tributarios, el comportamiento del tipo de cambio y las presiones sobre el gasto corriente determinarán si la consolidación fiscal avanza de manera sostenida durante el resto del año. Los próximos informes de Hacienda permitirán evaluar si el subejercicio se corrige o si persiste como un factor que limita el impacto de la política presupuestaria.
