Francia busca ampliar su margen estratégico con las visitas de Corea del Sur y Vietnam

París acogerá la próxima semana a los presidentes de Corea del Sur, Lee Jae Myung, y de Vietnam, Tô Lâm, en una secuencia diplomática que el Gobierno de Emmanuel Macron presenta como una oportunidad para diversificar alianzas en Asia y reforzar la autonomía estratégica francesa y europea. Las dos visitas, previstas entre el 6 y el 10 de septiembre, combinarán asuntos económicos, tecnológicos y de defensa con conversaciones sobre la guerra de Rusia en Ucrania, la influencia de China y la seguridad en la península coreana.

Según fuentes del Elíseo, Lee estará en Francia del 6 al 9 de septiembre, mientras que Tô Lâm llegará a París los días 9 y 10, inmediatamente después de una visita a Moscú. La proximidad temporal de ambos desplazamientos permite a Francia proyectar una agenda exterior centrada en socios asiáticos con peso industrial, capacidad tecnológica y posiciones propias dentro de un entorno geopolítico cada vez más polarizado.

Vietnam, entre los vínculos históricos con Moscú y la apertura hacia Europa

La escala vietnamita adquiere una relevancia particular por el viaje previo de Tô Lâm a Rusia, un país con el que Hanói mantiene una relación histórica. Francia reconoce ese vínculo, pero pretende abordar de forma directa las consecuencias internacionales de la invasión rusa de Ucrania. Fuentes de la presidencia francesa señalaron que esa relación no impide mantener un diálogo “muy sincero” sobre Rusia, su guerra de agresión y el posible impacto de ese contexto en las relaciones entre Vietnam, Francia y la Unión Europea.

El planteamiento francés no supone exigir una alineación automática de Vietnam con la política europea respecto a Moscú. Busca, más bien, identificar áreas de cooperación en las que Hanói pueda acercarse a las prioridades de París y Bruselas sin abandonar su tradicional política de equilibrio entre grandes potencias. Entre los objetivos declarados figura el de implicar a Vietnam en la reconstrucción de Ucrania, una cuestión que permitiría conectar la agenda política con oportunidades futuras de inversión, infraestructuras y cooperación empresarial.

La visita también coincidirá con la Cumbre del Espacio que Francia organizará en París el 9 y 10 de septiembre, y en la que participará el mandatario vietnamita junto a otros jefes de Estado y de Gobierno. Para el Elíseo, este encuentro ofrece un marco útil para ampliar la colaboración en sectores considerados estratégicos: defensa, industria aeroespacial y minerales críticos. Esos ámbitos concentran una parte creciente de la competencia internacional, porque condicionan tanto las capacidades militares como las cadenas de suministro de tecnologías avanzadas.

Vietnam dispone de una posición relevante en el Sudeste Asiático y busca elevar su perfil industrial, mientras Francia aspira a evitar una dependencia excesiva de proveedores o mercados concentrados en pocas potencias. La cooperación en minerales críticos, por ejemplo, responde a la necesidad europea de asegurar materiales esenciales para baterías, electrónica, transición energética y defensa. Sin embargo, esos proyectos suelen requerir inversiones sostenidas, reglas transparentes y garantías medioambientales, factores que determinarán si los anuncios diplomáticos se traducen en acuerdos concretos.

Semiconductores, IA y energía en la agenda con Seúl

La visita del presidente surcoreano tendrá un componente tecnológico especialmente marcado. Lee iniciará su agenda oficial el 7 de septiembre en Saint-Paul-de-Vence, en el sureste de Francia, donde se celebrará la Cumbre Lumière. El encuentro reunirá a 150 personalidades de la animación y el cine de más de 30 países, una elección que subraya el interés de ambos países por vincular industrias culturales, innovación digital e inteligencia artificial.

Tras esa escala, Lee viajará a París para reunirse con Macron y con las delegaciones de los dos países en el palacio del Elíseo. La presidencia francesa anticipó posibles anuncios en inteligencia artificial y semiconductores, dos áreas en las que Corea del Sur es un actor industrial de primer orden y Francia busca fortalecer su capacidad de investigación, producción y regulación. La cooperación puede abarcar desde inversión y formación hasta el desarrollo de aplicaciones industriales, aunque los detalles de los acuerdos aún no han sido divulgados.

También se prevén avances en defensa y energía, con especial atención a la energía nuclear para usos civiles. Francia considera la nuclear una pieza central de su estrategia energética y de su política de soberanía industrial. Corea del Sur, por su parte, posee experiencia tecnológica y comercial en ese sector. Una mayor coordinación podría reforzar la presencia de ambos en mercados internacionales, pero también dependerá de la compatibilidad entre sus intereses empresariales y de las condiciones que impongan los países receptores de nuevos proyectos.

La seguridad regional condiciona el diálogo político

Las conversaciones con Seúl estarán atravesadas por la situación geopolítica de Corea del Sur, vecina de Corea del Norte y situada en un espacio donde la influencia china es decisiva. París prevé tratar la amenaza nuclear norcoreana y la implicación de Pyongyang en el frente ruso de Ucrania. Para Francia, esos asuntos enlazan la seguridad europea con la asiática: la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte, de confirmarse y consolidarse, mostraría que los conflictos regionales tienen efectos que superan sus fronteras inmediatas.

La agenda franco-surcoreana se apoya además en el acercamiento impulsado durante la visita de Macron a Corea del Sur el pasado abril. Aquel viaje permitió estrechar los contactos entre ambos gobiernos y preparar una fase más orientada a proyectos concretos. La recepción de Lee en Francia busca dar continuidad política a ese impulso, en un momento en que las economías desarrolladas intentan reducir vulnerabilidades en componentes electrónicos, energía y tecnologías de doble uso.

Al reunir en pocos días a los dirigentes de Corea del Sur y Vietnam, Macron procura situar a Francia como interlocutor activo de países asiáticos que no encajan plenamente en bloques cerrados. La eficacia de esa estrategia dependerá de la capacidad de ofrecer cooperación económica y tecnológica sostenida, así como de gestionar las diferencias sobre Rusia, China y seguridad regional. París pretende ampliar sus socios sin convertir cada relación en una prueba de alineamiento, una tarea compleja en un escenario internacional definido por rivalidades crecientes y por la búsqueda de mayor margen de maniobra nacional.

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