Los empleadores estadounidenses añadieron apenas 57.000 puestos de trabajo en junio, menos de la mitad que el mes anterior, según datos del Departamento de Trabajo. La tasa de desempleo bajó al 4,2 %, pero el ritmo de contratación revela una cautela creciente ante la inflación en máximos de tres años y la confianza del consumidor cerca de mínimos pospandemia.

El mercado laboral sigue frágil, según la economista Nicole Bachaud. Esta debilidad no responde solo a factores estacionales: incluso sectores que deberían beneficiarse del Mundial de Fútbol, como hostelería y restauración, recortaron 61.000 empleos. El comercio minorista perdió otros 7.500 puestos.
Cautela empresarial y riesgos para la política monetaria
La combinación de menor contratación y reducción del desempleo sugiere que parte de la fuerza laboral está abandonando la búsqueda activa de empleo. Esta dinámica, unida a la inflación persistente, complica las decisiones de la Reserva Federal: un mercado laboral más débil podría justificar recortes de tipos, pero la presión inflacionaria sigue limitando el margen de maniobra.
Los datos de junio confirman que la desaceleración no es uniforme. Mientras algunos sectores resisten, la pérdida neta de empleo en servicios y comercio indica que las empresas priorizan la contención de costes ante un consumidor más prudente. El resultado es un mercado laboral que ya no genera el colchón de empleo que sostuvo la recuperación pospandemia.
