Denuncia negligencia médica en HGZ de Nogales

El caso de Blanca Noelia Olivas Borbón, de 35 años, ha puesto en evidencia las tensiones entre la percepción familiar de la atención recibida y la versión institucional en el Hospital General de Zona No. 5 del IMSS en Nogales. La paciente ingresó por una fractura en la espinilla izquierda tras una caída el 28 de junio y terminó con un infarto cerebral según el relato de sus familiares, quienes atribuyen el desenlace a una posible reacción adversa al metamizol.

Atención inicial y quejas persistentes de dolor

Tras el ingreso por urgencias, la familia reportó que la joven permaneció sin atención oportuna para su fractura durante varios días. La madre, Jovita Borbón, señaló que su hija expresaba dolor constante sin que se aplicaran medidas concretas para estabilizar la lesión. Esta demora, según el relato, se extendió hasta el martes siguiente, cuando finalmente fue ubicada en una cama y se le comunicó que la cirugía tendría lugar el sábado. La secuencia sugiere que los protocolos de priorización de pacientes con fracturas no operaron de manera inmediata, lo que generó la primera capa de desconfianza en el proceso asistencial.

Reacción tras la administración del medicamento

El punto crítico ocurrió el jueves, cuando, de acuerdo con la familia, se aplicó metamizol. En un lapso de aproximadamente veinte minutos la paciente comenzó a convulsionar y perdió el conocimiento. Los familiares solicitaron atención inmediata, pero el personal respondió que los síntomas formaban parte del efecto esperado del fármaco y que desaparecerían entre seis y ocho horas. Esta respuesta inicial, sin evaluación diferencial rápida, impidió una intervención temprana que pudiera haber modificado el curso clínico.

Diagnóstico de infarto cerebral y límites de la intervención

Una vez que un internista evaluó a la paciente, se determinó que había sufrido un infarto cerebral. La familia recibió la información de que ya no existían medidas terapéuticas viables. Esta transición abrupta de un cuadro de fractura a una complicación neurológica grave plantea interrogantes sobre los mecanismos de monitoreo durante la administración de analgésicos en pacientes con antecedentes clínicos no plenamente documentados al ingreso. La ausencia de un protocolo visible de vigilancia post-medicación aparece como un factor que la familia identifica como negligencia.

Respuesta institucional y continuidad del caso

El IMSS informó que la paciente recibió todos los tratamientos y cuidados necesarios desde su llegada el 28 de junio. Tras la manifestación de los familiares, se conformó una comisión directiva que explicó detalladamente el estado de salud. La institución añadió que la joven permanece bajo observación y será intervenida por especialistas una vez que se estabilice. Esta postura oficial contrasta con el relato familiar y deja abierto un espacio para la revisión de expedientes clínicos y posibles auditorías internas que determinen si existieron desviaciones en los tiempos de respuesta o en la elección del analgésico.

El episodio ilustra cómo una fractura aparentemente controlable puede derivar en una emergencia neurológica cuando los tiempos de atención y los protocolos de farmacovigilancia no se alinean de forma precisa. Las autoridades sanitarias locales enfrentan ahora la tarea de esclarecer si los procedimientos habituales fueron suficientes o si se requiere reforzar los mecanismos de alerta temprana en casos similares.

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