Dos aficionados californianos presentaron una demanda colectiva contra StubHub en un tribunal federal de Nueva York. Alegan que la plataforma vendió entradas inexistentes o revocadas para la fase de grupos del Mundial 2026, incumpliendo su garantía de reembolso o reemplazo. Los demandantes pagaron más de 4.000 dólares en total y nunca recibieron los boletos ni la compensación prometida.

La acción judicial sostiene que StubHub operó con prácticas engañosas al no verificar la validez de las entradas antes de comercializarlas. Los problemas se originaron en fallas de la infraestructura digital de la FIFA, pero la empresa de reventa no advirtió a los compradores sobre los riesgos del mercado secundario. Esta dinámica expone una falla estructural: las plataformas intermediarias asumen compromisos que dependen de sistemas ajenos sin control real.
Responsabilidad compartida y vacío regulatorio
Tanto StubHub como la FIFA se atribuyen mutuamente la culpa. La organizadora del torneo rechaza cualquier responsabilidad sobre transacciones en plataformas externas, mientras que la revendedora señala que los errores provienen de la infraestructura oficial. Este cruce de acusaciones deja a los aficionados sin protección efectiva y evidencia la ausencia de normas claras que regulen la reventa de entradas para eventos masivos.
La demanda busca prohibir a StubHub la venta de boletos del Mundial y exigir que las ganancias obtenidas sean devueltas a los afectados. El caso refleja tensiones crecientes entre mercados secundarios y organizadores oficiales, donde la falta de trazabilidad genera pérdidas económicas y frustración para miles de seguidores.
