Los apostadores deportivos que operan a través de plataformas digitales presentan patrones de gasto más elevados y enfrentan dificultades financieras con mayor frecuencia que quienes apuestan únicamente de forma presencial en casinos o hipódromos, según un informe del Urban Institute dado a conocer el pasado jueves. El estudio, basado en una encuesta a más de 320 participantes, pone de relieve diferencias significativas en frecuencia, monto y riesgo de las apuestas, así como en sus consecuencias sobre el ahorro y el cumplimiento de obligaciones económicas.
Los datos muestran que los usuarios de apuestas en línea realizaron operaciones con mayor regularidad durante los doce meses previos y destinaron cantidades superiores de dinero. Además, una proporción mayor de este grupo declaró haber realizado apuestas de alto riesgo. Estas conductas coinciden con un aumento en los reportes de problemas para cubrir pagos mensuales y con una reducción en la capacidad de ahorro futuro.
Patrones de frecuencia y monto
El informe detalla que el 7 % de los apostadores en línea indicó apostar diariamente, mientras que ninguno de los apostadores presenciales reportó esa frecuencia. El 28 % de los participantes digitales apostaba semanalmente y el 23 % lo hacía mensualmente. En contraste, la mayoría de quienes apuestan de manera presencial lo hace con menor periodicidad. Respecto al volumen, el 55 % de todos los encuestados afirmó haber apostado menos de 100 dólares en el último año, aunque un 11 % superó los 1 000 dólares.
La apuesta más común sigue siendo la realizada sobre el resultado de un solo partido o encuentro, practicada por el 71 % de los participantes. Otras modalidades como parlays, apuestas en vivo o de futuros también aparecen con frecuencia, aunque en menor proporción.

Consecuencias financieras observadas
Los apostadores en línea declararon con mayor frecuencia haber enfrentado problemas para cubrir facturas en los últimos doce meses. El estudio señala que este grupo tiene quince veces más probabilidades de reportar un pago omitido en comparación con los apostadores presenciales. Asimismo, el doble de participantes digitales indicó haber ahorrado menos de lo que habría logrado sin la actividad de apuestas.
Una minoría del 12 % del total de apostadores, tanto digitales como presenciales, reconoció haber reducido su ahorro a causa del juego. Este efecto se concentra especialmente entre personas con ingresos inferiores a 50 000 dólares anuales y entre los jóvenes de 18 a 29 años. La mayoría de los encuestados (67 %) afirmó apostar principalmente para obtener ganancias, a pesar de que investigaciones previas indican que la gran mayoría de los apostadores pierde en promedio 7,5 centavos por cada dólar apostado.
Expansión del sector y respuestas regulatorias
Desde la decisión del Tribunal Supremo en 2018 que permitió la legalización estatal, el gasto en apuestas deportivas en Estados Unidos pasó de 57 000 millones de dólares en 2021 a 167 000 millones el año pasado. Esta rápida expansión ha motivado propuestas legislativas tanto federales como estatales orientadas a reforzar las protecciones al consumidor.
Los senadores Adam Schiff y John Curtis presentaron en marzo una iniciativa bipartidista que impediría a los mercados de predicción procesar apuestas deportivas sin cumplir las mismas normas que rigen a los operadores tradicionales. Illinois, Massachusetts y Minnesota ya han adoptado o están considerando medidas similares. Kentucky elevó la edad mínima para apostar de 18 a 21 años, Nueva Jersey analiza restricciones a las apuestas en vivo y Ohio estudia un límite de 100 dólares por apuesta junto con la prohibición de aplicaciones móviles.
Consideraciones sobre accesibilidad y comportamiento
La mayor disponibilidad de plataformas digitales parece facilitar el acceso continuo y la realización de apuestas de menor cuantía pero más repetidas, lo que puede explicar parte de la brecha observada en los resultados financieros. Al mismo tiempo, el informe subraya que la mayoría de los apostadores mantiene volúmenes modestos y que solo una fracción significativa experimenta problemas de ahorro o pago. Esta distribución sugiere que las políticas regulatorias podrían centrarse en mecanismos de detección temprana y límites voluntarios antes que en restricciones generales que afecten a todos los participantes por igual.
El análisis del Urban Institute aporta evidencia cuantitativa que complementa estudios anteriores sobre los efectos del juego en línea y contribuye al debate actual sobre cómo equilibrar la expansión de la industria con la protección de los usuarios más vulnerables.
