Las organizaciones sindicales UGT y CCOO han valorado de forma positiva la reducción del número de hogares cordobeses en los que todos sus miembros están en paro, una cifra que se sitúa en 16.000 y que cae un 7% en tasa anual. Sin embargo, ambos sindicatos advierten de que la mejora del mercado de trabajo no está alcanzando por igual a todos los perfiles, en especial a los trabajadores menos formados y a otros colectivos vulnerables que siguen encontrando barreras persistentes para acceder y mantenerse en el empleo.
La secretaria de Empleo de UGT, Paqui Haro, sostiene que los últimos datos son muy favorables, tanto en la Encuesta de Población Activa como en el paro registrado, aunque pide interpretarlos con cautela. A su juicio, el tirón de la temporada alta y las campañas agrícolas influyen de manera decisiva en la evolución del empleo, lo que obliga a distinguir entre la mejora coyuntural y los problemas estructurales que siguen sin resolverse en la provincia.

Brechas que no desaparecen
UGT insiste en que la mejora estadística no corrige por sí sola las desigualdades que arrastran determinados barrios y grupos de edad. Haro menciona las dificultades de las personas mayores de 45 años y la persistencia de la brecha entre hombres y mujeres, dos factores que, según el sindicato, siguen condicionando el acceso a un empleo estable. La referencia a zonas más desfavorecidas apunta además a una realidad conocida pero aún difícil de revertir: en los entornos con menos recursos, el trabajo no siempre llega cuando llegan las oportunidades.
La dirigente sindical subraya también la relación entre falta de formación y precariedad laboral. Explica que en determinados barrios prima todavía la idea de incorporarse pronto al mercado de trabajo, una decisión que puede cerrar después puertas más cualificadas. Ese patrón, señala, empieza a cambiar, pero lo hace con lentitud y sobre una base educativa todavía frágil.
El empleo mejora, pero no siempre permite vivir
Desde CCOO, el secretario de Organización, Aurelio Martín, comparte la lectura positiva sobre la disminución de hogares con todos sus miembros en paro, aunque introduce un matiz central: tener trabajo no garantiza salir de la pobreza. En su opinión, las condiciones laborales y el coste de la vida están dejando fuera a muchas familias que, pese a incorporarse al mercado, no consiguen recuperar capacidad adquisitiva suficiente para estabilizar su situación.
Martín sitúa parte del problema en la creciente distancia entre ricos y pobres y en la combinación de temporalidad, eventualidad e inestabilidad contractual que sigue marcando una parte importante del empleo. Esa estructura, afirma, limita la capacidad del trabajo para actuar como vía efectiva de ascenso social, sobre todo cuando los salarios no acompañan la evolución del precio de bienes y servicios básicos.
La formación como filtro social
El responsable de CCOO pone el foco en la educación como uno de los principales filtros de acceso al empleo de calidad. Denuncia el aumento de la oferta privada de Formación Profesional y la reducción de ciclos públicos, una tendencia que, a su entender, eleva el coste de estudiar entre 3.000 y 9.000 euros al año. Esa barrera económica excluye a muchas familias y reproduce un círculo difícil de romper: menos recursos implican menos formación, y menos formación reduce las opciones de encontrar un trabajo estable y mejor pagado.
Martín añade que el código postal sigue pesando demasiado en las oportunidades laborales, porque se mezcla con el abandono escolar temprano en barrios marginales y con la falta de recursos para prolongar los estudios. En ese contexto, la caída del paro no elimina por sí sola la exclusión laboral, sino que convive con una segmentación cada vez más clara entre quienes acceden a empleos estables y quienes quedan atrapados en ocupaciones precarias o directamente fuera del sistema.
