La entrega de relojes Rolex a jugadores de la Selección Mexicana por el influencer Steve Will Do It generó una asociación pública masiva con una marca competidora de Hublot, patrocinador oficial. Aunque los relojes fueron devueltos, la narrativa ya había desplazado al patrocinador legítimo durante varios días.
El caso no gira sobre corrupción deportiva, sino sobre la cesión involuntaria del valor comercial de la Selección. En el patrocinio deportivo lo que se adquiere es la exclusividad de asociación con reputación, identidad y atención pública. Esa exclusividad se rompió sin autorización ni contraprestación.

Los contratos de patrocinio suelen incluir cláusulas de exclusividad por categoría y prohibición de asociaciones con competidores. La difusión de imágenes y videos de los jugadores celebrando el regalo activó esas cláusulas desde el primer momento, independientemente de la devolución posterior.
Rolex obtuvo, sin costo, la visibilidad que otras marcas pagan millones por conseguir. El patrocinador oficial desapareció de la conversación pública y el activo deportivo más valioso del país quedó temporalmente vinculado a un competidor. La devolución mitigó riesgos disciplinarios, pero no restauró la asociación comercial ya transferida.
