El peso mexicano cerró el 2 de julio de 2026 en 17.47 unidades por dólar, con una apreciación diaria de 0.39 por ciento. El movimiento respondió directamente al reporte de empleo de Estados Unidos que mostró apenas 57 mil nuevos puestos en junio, frente a la expectativa de 113 mil. Las revisiones a la baja de abril y mayo restaron otros 74 mil empleos al total previo, reforzando la percepción de enfriamiento acelerado en el mercado laboral estadounidense.
El dólar perdió 0.45 por ciento frente a una canasta de monedas principales, mientras el yen japonés y el rand sudafricano lideraron las ganancias. En ventanillas bancarias mexicanas, el tipo de cambio más alto alcanzó 18.55 pesos y el más bajo 17.59 pesos, según datos de Grupo Financiero BASE.
Efectos sectoriales en México
La apreciación inmediata beneficia a importadores y a empresas con deuda en dólares, que ven reducida su carga financiera. Sin embargo, los exportadores manufactureros, especialmente en el sector automotriz y electrónico vinculado al nearshoring, enfrentan márgenes más estrechos. Un tipo de cambio más bajo erosiona la competitividad de los productos mexicanos en el mercado estadounidense justo cuando las cadenas de suministro intentan consolidarse tras la relocalización de plantas.

Los bancos que ofrecen el dólar más caro, como Bank of America y Monex, capturan mayor spread en operaciones de menudeo. En contraste, instituciones como Multiva y BBVA mantienen precios más competitivos, lo que podría desplazar flujos de clientes minoristas hacia estas últimas durante las próximas semanas de volatilidad.
Tres dinámicas estructurales en juego
Primero, el uso intensivo de inteligencia artificial ya está reduciendo demanda de personal en tareas administrativas y de soporte técnico. Sectores como salud y servicios profesionales siguen generando empleo, pero el ritmo general se desacelera. Esta divergencia sugiere que México podría recibir inversión en manufactura avanzada mientras pierde atractivo en servicios compartidos, alterando el perfil de los flujos de capital hacia el país.
Segundo, la política monetaria japonesa introduce un riesgo de contagio cruzado. Si el yen se fortalece por expectativas de intervención oficial, parte de los fondos que operan carry trade en pesos podrían redirigirse hacia activos japoneses. Esa rotación reduciría la demanda estructural por pesos mexicanos y elevaría la volatilidad del tipo de cambio incluso sin cambios en los fundamentales estadounidenses.
Tercero, la combinación de empleo débil y revisiones negativas aumenta la probabilidad de recortes de tasa por parte de la Reserva Federal antes de lo previsto. Un diferencial de tasas menos favorable para activos emergentes podría limitar la apreciación del peso en el segundo semestre, independientemente de los datos locales de Banxico.
Perspectivas de distintos actores
Los exportadores manufactureros presionan por mantener un tipo de cambio competitivo y advierten sobre pérdida de contratos si el peso se mantiene por debajo de 17.80. Los importadores de bienes de capital y las empresas con pasivos en dólares celebran la reducción de costos. Los inversionistas institucionales locales evalúan reasignar posiciones hacia bonos mexicanos si la expectativa de recorte de la Fed se consolida, mientras los especuladores de corto plazo ya ajustan posiciones en derivados sobre el peso.
Banxico enfrenta un dilema: una moneda más fuerte ayuda a contener inflación importada, pero también puede frenar el crecimiento de sectores exportadores. Cualquier señal de intervención verbal o discrecional por parte de la autoridad monetaria mexicana será observada de cerca por el mercado durante las próximas semanas.
Riesgos y escenarios hacia adelante
El principal riesgo externo sigue siendo Japón. Una intervención decidida del Ministerio de Finanzas japonés podría desencadenar salidas abruptas de capital de mercados emergentes de alto carry, incluida México. En paralelo, si los datos de empleo estadounidense continúan deteriorándose, el dólar podría perder terreno adicional, pero una recuperación rápida de las cifras de julio revertiría parte de la apreciación actual del peso.
Otro factor a monitorear es la evolución del shekel israelí y la rupia india, que mostraron debilidad relativa. Cualquier escalada geopolítica en Medio Oriente o tensiones comerciales entre India y sus socios podría amplificar movimientos cruzados en monedas emergentes y afectar indirectamente la liquidez del peso.
En el escenario base, el tipo de cambio oscilará entre 17.30 y 17.80 durante el tercer trimestre, condicionado a la confirmación de recortes de tasa en Estados Unidos y a la ausencia de intervenciones sorpresivas en Japón. Una desviación significativa de estos supuestos obligaría a Banxico a recalibrar su comunicación y a los inversionistas a ajustar sus coberturas cambiarias con mayor frecuencia.
