La alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturrosas Villarreal, presentó los avances logrados en el sistema de saneamiento durante la sesión del Consejo Estatal de la Agenda 2030. Entre 2021 y 2026, la ciudad pasó de enfrentar colapsos constantes en su red de drenaje a duplicar la capacidad de tratamiento de aguas residuales, elevándola de 540 a 1140 litros por segundo. Esta transformación se financió con una inversión superior a 81.5 millones de dólares aportados por los tres órdenes de gobierno y organismos binacionales.
Al asumir el cargo en 2021, la administración encontró una infraestructura prácticamente desaparecida en varios tramos. Las aguas residuales fluían a cielo abierto, provocando hundimientos de calles y brotes recurrentes de aguas negras. La situación afectaba tanto la salud pública como la imagen de la ciudad fronteriza y generaba riesgos ambientales directos sobre el río Bravo.

Rehabilitación con apoyo federal e internacional
El programa de rescate se diseñó con recursos del gobierno estatal encabezado por Américo Villarreal Anaya, aportaciones federales, el Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank) y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Esta combinación de financiamiento permitió ejecutar obras de rehabilitación integral en la red de colectores y en la planta tratadora. El resultado más visible es la duplicación de la capacidad de tratamiento, lo que impide que aguas sin procesar lleguen al cauce del río Bravo.
La coordinación binacional resulta particularmente relevante porque el río Bravo constituye la frontera natural y su calidad del agua influye directamente en la salud de comunidades de ambos países. El proyecto demuestra que la cooperación técnica y financiera entre México y Estados Unidos puede traducirse en mejoras concretas de infraestructura hidráulica cuando existe voluntad política sostenida.
Beneficios que trascienden el municipio
Aunque las obras se ejecutaron en Nuevo Laredo, el saneamiento del agua genera efectos positivos en los municipios aguas abajo. Los gobiernos de Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo, Gustavo Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo y Matamoros reciben ahora un caudal con menor carga contaminante. Esta cadena de beneficios ilustra cómo una inversión localizada puede mejorar la calidad del recurso hídrico a escala regional.
Desde el punto de vista ambiental, reducir la descarga de aguas sin tratamiento contribuye a preservar los ecosistemas ribereños y a cumplir compromisos internacionales de calidad del agua. En términos de salud pública, disminuye la exposición de la población a patógenos que antes se propagaban por socavones y encharcamientos.
Vinculación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Las acciones forman parte del compromiso municipal con la Agenda 2030, específicamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6, referido a agua limpia y saneamiento. Al presentar estos resultados ante el Consejo Estatal, la alcaldesa subrayó que la rehabilitación hidráulica no es un logro aislado, sino un componente de una estrategia más amplia de desarrollo sostenible que incluye planeación a mediano y largo plazo.
El caso de Nuevo Laredo también pone de relieve los desafíos estructurales que enfrentan muchas ciudades fronterizas mexicanas: infraestructura envejecida, crecimiento poblacional acelerado y limitaciones presupuestales históricas. La solución requirió articular recursos de distintos niveles y actores internacionales, un modelo que podría replicarse en otras localidades con problemáticas similares si se mantiene la coordinación interinstitucional.
El avance registrado entre 2021 y 2026 muestra que es posible revertir situaciones de deterioro grave cuando existe planeación técnica acompañada de financiamiento suficiente. Sin embargo, la sostenibilidad de estos logros dependerá de los programas de mantenimiento preventivo que las siguientes administraciones implementen y de la capacidad de la planta para operar a su nueva capacidad máxima de manera continua.
