En México operan apenas unas mil librerías tradicionales para una población superior a los 130 millones de habitantes. Esta proporción coloca al país entre los más rezagados de América Latina en acceso físico al libro, según datos presentados por la cadena Librerías Gandhi durante la celebración de sus 55 años de existencia.
La brecha que revelan las cifras
La comparación con otros países hispanohablantes resulta reveladora. Argentina cuenta con más de dos mil librerías para poco más de 45 millones de personas, mientras que España registra alrededor de cuatro mil establecimientos para una población similar. La diferencia no solo es cuantitativa: refleja políticas públicas que en esos países consideran a las librerías parte del patrimonio cultural y les otorgan apoyos fiscales o subsidios que en México no existen.
El bajo número de puntos de venta se traduce directamente en hábitos de lectura. El promedio anual de 3,2 libros por persona indica que el acceso limitado sigue siendo un factor estructural que frena el consumo cultural, más allá de las preferencias individuales.

55 años de una apuesta sostenida
Fundada en 1971 por Mauricio Achar, Gandhi inició con la convicción de que el libro podía modificar realidades sociales. Hoy la cadena opera 50 sucursales en 17 estados, más de 330 puntos de venta dentro de supermercados y tiendas departamentales, 20 kioscos y una plataforma digital que recibe más de dos millones de visitas mensuales. Esta expansión demuestra que la iniciativa privada puede generar infraestructura, aunque no alcanza a compensar la ausencia de una red pública más densa.
La adaptación como estrategia de supervivencia
La empresa ha incorporado formatos que van desde los cinco millones de títulos en catálogo hasta audiolibros, podcasts y herramientas de inteligencia artificial instaladas en cuatro sucursales de la Ciudad de México. El “librero virtual Mauricio” representa un intento por mantener el consejo personalizado que históricamente ofrecían los libreros físicos. Esta evolución tecnológica permite a Gandhi seguir conectando con nuevos públicos, pero también evidencia que el ecosistema del libro requiere constante reinvención para no quedar relegado.
El valor cultural que aún falta reconocer
Cuando las librerías se conciben únicamente como negocios, se pierde de vista su función como espacios de encuentro y debate. Países que han establecido incentivos fiscales o programas de apoyo reconocen que estos locales contribuyen a la cohesión social y a la formación de lectores a largo plazo. En México, la ausencia de tales medidas mantiene al sector librero en una posición frágil, expuesto a ciclos económicos y a la competencia de plataformas globales que no siempre priorizan la diversidad editorial local.
La campaña “Nuestras ganas de que leas son mundiales” lanzada por Gandhi con motivo de su aniversario busca reforzar ese vínculo emocional con la lectura. Sin embargo, el mensaje adquiere mayor peso cuando se observa que el crecimiento de la cadena ha ocurrido a pesar de un entorno regulatorio que no favorece la apertura de nuevos establecimientos. El verdadero desafío radica en convertir la experiencia acumulada por empresas como Gandhi en un argumento para diseñar políticas que multipliquen, y no solo concentren, los espacios de acceso al libro.
