La rebelión del bono largo

El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años tocó 5.29 por ciento, su nivel más alto desde 2007, y encendió una señal incómoda: el mercado ya no castiga solo la inflación, también empieza a exigir más por financiar al gobierno de Washington durante décadas.

La paradoja es clara: mientras el empleo, las ventas minoristas y la inflación subyacente muestran enfriamiento, las tasas largas suben. Eso sugiere que el problema ya no es el ciclo económico inmediato, sino la desconfianza fiscal, alimentada por déficits persistentes, más deuda y una oferta creciente de bonos que el mercado absorbe con mayor costo.

El impacto no se queda en Estados Unidos. Banxico aún ofrece un diferencial amplio frente a la Fed, pero una subida estructural en las tasas globales presiona a los Bonos M, encarece el financiamiento de gobierno y Pemex y limita el margen para recortes. Si el dinero caro frena a la economía estadounidense, el golpe para México también llegará por la vía comercial.

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